“Una pancarta de 418 páginas”. Así definía el presidente de la FRAVM, Nacho Murgui, el libro Memoria ciudadana y movimiento vecinal, Madrid 1968-2008, en la presentación que el pasado viernes reunió a representantes vecinales, políticos e institucionales en el Auditorio 200 del Museo Reina Sofía.

Mª Prado de la Mata, miembro de la AV San Cristóbal de los Ángeles, de la Junta Directiva de la FRAVM y una de las autoras del libro ejerció de “maestra de ceremonias” dando paso a las intervenciones de Vicente Pérez Quintana, editor y miembro de Junta Directiva de la FRAVM, Nacho Murgui, presidente de la FRAVM y de Jordi Borja, geógrafo urbanista y co director del programa de Post Grado “Gestión de la Ciudad’ de la Universitat Oberta de Catalunya.

“¿Cabe encontrar un hilo conductor en una publicación que es fruto del trabajo colectivo de 23 autores que hablan desde dentro y desde fuera del movimiento vecinal, del pasado, del presente y del futuro? La respuesta es sí. El libro habla, en definitiva, de cómo éramos y de cómo queremos ser”, apuntó Vicente Pérez. Nacho Murgui abundó en esta idea al señalar que “la publicación recoge parte del patrimonio que nuestros mayores han acumulado a lo largo de estos cuarenta años de historia, un patrimonio sin el cual no se puede entender el presente ni se puede proyectar un futuro que responda a los retos del nuevo siglo. El libro es, en definitiva, una herramienta de combate para la transformación cuya publicación se inscribe en el proceso de debate que dará lugar a la elaboración del plan estratégico de la Federación, en el Congreso Vecinal que celebraremos en Orcasitas los días 14 y 15 de marzo y en el que definiremos nuestra hoja de ruta para los próximos años”, añadió.

Después de recordar y hacer mención a dos ‘imprescindibles’, el recientemente fallecido Eusebio Calle y a Prisciliano Castro, que no pudo acudir al acto por motivos de salud, Vicente Pérez y Nacho Murgui definieron al alimón la razón de ser, la filosofía y los caballos de batalla del movimiento vecinal, un movimiento que, en palabras de Pérez, “es un conjunto de prácticas contra el Estado y el capital” protagonizado por “gente lesionada en el ejercicio de algunos derechos reconocidos como el acceso a la vivienda, a la sanidad, a la educación…” que aspira a “la transformación de las estructuras sociales y económicas” a través de la construcción práctica de “un modelo de democracia deliberativa que desborde los estrechos límites de la democracia representativa. Una democracia, en definitiva, de los ciudadanos, no de los consumidores”.

Murgui hizo especial hincapié en la heterogénea composición que, desde su nacimiento, ha caracterizado el movimiento vecinal, una riqueza que, hoy día constituye “uno de sus mayores valores para enfrentar los retos de una sociedad cada vez más compleja”. “El nuestro -recordó- fue un movimiento en el que trabajadores procedentes de otras regiones del Estado, parados, jóvenes y mujeres que no tenían cabida en otras organizaciones encontraron su medio de expresión. Estas últimas desarrollaron en las asociaciones vecinales una suerte de feminismo del día a día, práctico y cotidiano. Con estos mimbres hemos tejido un movimiento plural, una herramienta de transformación cargada de futuro para construir, como decimos en nuestro barrio, un mundo donde quepan muchos mundos, agarrándonos como a un clavo ardiendo a una historia, a un patrimonio, que es nuestra mayor fortaleza. Ahora hacemos frente con ilusión a nuestro reto más inmediato: construir entre todos y todas un plan estratégico para el ejército de Pancho Villa’.

El sociólogo catalán Jordi Borja centró su intervención en las aportaciones del movimiento vecinal a la conquista y la profundización de la democracia y a la “transformación de la ciudadanía en sentido amplio” aunque “como suele suceder, unos lo cocinaron y otros se lo comieron”. “La democracia -añadió- no sólo tiene un sentido formal, sino también y, sobre todo, material. Si no, no es legítima. Las decisiones de los responsables políticos han de responder a las necesidades de la ciudadanía. No puede ser que se justifiquen siempre con un `los ciudadanos me han elegido’ como único argumento. Lo justo no es lo legal: lo justo es lo necesario”. La aspiración de conquistar una democracia que responda a esos criterios, añadió, “ha guiado la labor del movimiento vecinal a lo largo de su historia” y, constituye, a su juicio, uno de sus retos de futuro. En una sociedad en la que cada vez son más las omisiones en materia de vivienda, de movilidad… y marcada por “una involución democrática que se traduce en la restricción de los mecanismos de participación ciudadana y una acusada tendencia partitocrática”, “hay que dar la batalla por limpiar la política”. En esa “carrera”, el movimiento vecinal tiene mucho que decir porque, allí donde mucha gente ve una crisis de los movimientos ciudadanos, Borja ve una oportunidad. “El movimiento vecinal no tendrá el mismo carácter que en los años setenta. Será otra cosa, y se alimentará y colaborará con la multitud de colectivos y plataformas que no dejan de nacer’.