Las mayores compañías de telecomunicaciones del mundo se dan cita desde hoy y hasta el próximo 17 de febrero en el World Mobile Congress (WMC), un congreso de carácter anual que se celebra en Barcelona desde el año 2006 para presentar los últimos avances en comunicaciones inalámbricas y móviles. Entre otras, este año se presentarán por todo lo alto los dispositivos conectados con tecnología 4G, la denominada “cuarta generación” de la telefonía móvil.

Estos avances tecnológicos, acompañados de la rápida extensión de las redes WiFi en los lugares de trabajo, plazas, centros escolares, domicilios privados, transporte público…, están provocando un incremento exponencial de la contaminación electromagnética.

Reunidos en Seletun (Noruega), un grupo de científicos –entre otros Adamantia Fragopoulou, Yuri Grigoriev, Olle Johansson, Lukas H Margaritis, Lloyd Morgan, Elihu Richter y Cindy Sage– analizó, en noviembre de 2009, las pruebas científicas existentes y las implicaciones para la salud de la creciente exposición a los campos electromagnéticos artificiales (CEM). Una de las principales conclusiones de este grupo es que los límites de seguridad pública establecidos por la Comisión Internacional sobre Protección Frente a Radiaciones No Ionizantes, son “inadecuados” y “obsoletos”. Resulta, por tanto, urgente revisar la legislación vigente.

Con ocasión de la celebración del WCM, la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM), una de las cerca de 100 organizaciones que forman parte de la Plataforma Estatal contra la Contaminación Electromagnética (PECCEM), se concentrará esta tarde ante la sede de Telefónica, en la calle Gran Vía 28, para denunciar el hecho de que las operadoras de telefonía móvil emiten en España niveles de contaminación electromagnética 4.500 veces por encima del límite máximo recomendado por el Parlamento Europeo, que fija un valor de 0,2 microvatios/cm2 para garantizar la salud de las personas, en especial, de las más sensibles, como niños, mayores y mujeres embarazadas.

Este descontrolado incremento de la contaminación electromagnética está dando lugar a la extensión de la electrohipersensibilidad, una afección no reconocida como enfermedad en España –sí en Suecia y en Canadá– y que se manifiesta con síntomas como insomnio, fatiga, cefaleas, nauseas o vértigo.