En concreto, la asociación ha planteado la interposición de un recurso contencioso-administrativo contra la licencia urbanística concedida por el Ayuntamiento de Madrid el 30 de marzo de 2021 a la mercantil Retruco Ventures, S.L.U., para la elaboración de comidas preparadas con zona de ventas y recogida, y obras de acondicionamiento del inmueble sito en calle Alejandro Ferrant núm. 8, de Madrid.

Ante la pasividad del Ayuntamiento de Madrid, que ha confirmado en boca del alcalde y del delegado de Urbanismo que no piensa hacer nada para ayudar a las familias y vecinos afectados, estos se ven abocados a buscar ayuda en los tribunales.

Las familias y vecinos y vecinas han abierto un crowdfunding en Goteo para financiar colectivamente la lucha por un entorno escolar saludable y barrios seguros. A través de este micromecenazgo quieren financiar la defensa letrada, el procurador y un peritaje técnico.

La fundación “Goteo” permite que con donaciones de hasta 150 euros las personas que aporten se beneficien de una desgravación del 80% en su declaración de la renta. Para colaborar en este proyecto puedes acceder al siguiente enlace: https://www.goteo.org/project/stop-cocinas-fantasma-en-alejandro-ferrant-8

Desde hace meses la plataforma de vecinos y familias afectadas por las cocinas fantasma de Alejandro Ferrant solicitan una solución política a un problema que necesita medidas y acciones políticas. En concreto, piden paralizar el otorgamiento de la licencia de actividad hasta que haya una regulación en profundidad de la materia. Esto ya se ha hecho en la Ciudad de Barcelona. Y, en segundo lugar, aprobar una regulación en la que, entre otras muchas cosas, este tipo de actividad industrial no pueda instalarse al lado de un colegio.

Cerca de mil familias del colegio público Miguel de Unamuno y comunidades de vecinos de Arganzuela rechazan frontalmente la apertura de un negocio industrial de cocinas fantasmas en medio de un barrio residencial y colindante con el centro educativo. La postura de la plataforma es clara, la producción de comida a destajo para su reparto a domicilio en estas instalaciones pondrá en riesgo la salud del alumnado y la vecindad por el aumento de tráfico, ruido y contaminación, en una zona que debería ser segura para los niños, niñas y residentes. No se puede convertir el centro de la ciudad en un polígono industrial.