La legalización de la FRAVM, que tuvo lugar el 2 de noviembre de 1977, fue precedida de manifestaciones multitudinarias y otros actos en los que, además de “pan y libertad”, los ciudadanos reclamaron el reconocimiento de sus asociaciones vecinales. Actos como la primera manifestación por el derecho a la vivienda, que tuvo lugar en 1975 en Vallecas. O como el Día Vecinal que se celebró en Aranjuez el 16 de mayo de 1976 y que acabó con centenares de personas heridas por los golpes de la Guardia Civil, golpes que en vez de amedrentar al movimiento vecinal, no hizo otra cosa que reforzarlo, como se pudo ver el 22 de junio de ese año. Ese día tuvo lugar la famosa manifestación de Preciados: más de 50.000 vecinos colapsaron esa céntrica calle “contra la carestía y por la legalización inmediata de las asociaciones de vecinos y demás entidades ciudadanas”. Motivos que también impulsaron a unas 100.000 personas a manifestarse en Moratalaz tres meses después.

Las asociaciones vecinales y su federación regional jugaron un papel esencial no solo en el proceso de modernización de nuestros barrios, pueblos y ciudades, logrando conquistar, con su presión, todo tipo de mejoras como viviendas asequibles, colegios, centros de salud, hospitales, carreteras, la extensión del suburbano y de líneas públicas de autobús, nuevos parques y zonas de esparcimiento… sino también en la llegada y consolidación de los derechos civiles y las libertades democráticas. De hecho, aunque en teoría las asociaciones vecinales podían ser legalizadas desde la aprobación en 1964 de la Ley de Asociaciones, en la práctica las autoridades franquistas rechazaban casi todas las peticiones de autorización, por el carácter crítico con el régimen de estas entidades y su espíritu abiertamente democrático.

Aunque no fue legalizada hasta 1977, la FRAVM se constituye dos años antes con el fin de unir a las asociaciones de los barrios y pueblos de la región en una estructura que les permita compartir recursos, defender propuestas comunes y hacer más fuerza en sus demandas, un objetivo que ha guiado sus pasos hasta el día de hoy, respetando siempre la autonomía y peculiaridad de cada asociación y de cada barrio. En la actualidad resulta innegable la contribución del movimiento vecinal y de su federación, que hoy cuenta con 277 entidades (174 de Madrid capital), al desarrollo de nuestros barrios, distritos y municipios, lugares que están llenos de sus huellas.

Fruto de su lucha, miles de familias pasaron de vivir en las chabolas de los gigantescos poblados que rodeaban la capital a viviendas dignas, lo que dio lugar a nuevos barrios como Orcasitas, Orcasur, Fontarrón, Palomeras, Cárcavas, la UVA de Vallecas o la UVA de Villaverde. Esta pelea, que fue especialmente intensa en los primeros años de la democracia, ha continuado a lo largo de estos 40 años. No en vano, la eliminación del chabolismo y la infravivienda en el marco de la defensa del derecho a una vivienda digna siempre ha sido una prioridad para la FRAVM, en cuyo marco logró hitos tan importantes como la Operación Barrios en Remodelación, un programa que se firmó en 1977 y que se ejecutó en las dos décadas siguientes. Gracias a él, 150.000 personas fueron realojadas en sus propios barrios, en más de 38.000 nuevas viviendas de promoción pública en once distritos. Esta actuación se verá completada, en los noventa, con el programa de renovación de barrios, que afectará a otras 6.000 viviendas en siete distritos.

Simultáneamente, la FRAVM desarrolla una lucha intensa por el desmantelamiento de los poblados marginales, logrando su práctica desaparición a finales de esa década. Entonces se logra el realojo de más de 2.000 familias, a partir de la defensa de un modelo de realojo disperso y con seguimiento social, que huye de la creación de guetos urbanos tan propio de los procesos de los ochenta.

También en los noventa, la federación es pionera en el impulso de las cooperativas de vivienda, en cuyo marco y en dos décadas, facilitó el acceso a viviendas, en muchas ocasiones vanguardistas en cuanto a diseño y sistemas constructivos, a varios miles de familias solo en la capital.

Cooperativismo vecinal y promoción de la vivienda pública y accesible han sido dos rasgos distintivos del movimiento vecinal y de la FRAVM, de ahí que siempre haya buscado (y casi siempre mantenido) una interlocución intensa con agencias públicas como el IVIMA (hoy Agencia de la Vivienda Social) y la capitalina EMVS. En este punto hay que destacar el llamado Plan de 18.000 viviendas, en virtud del cual el Ayuntamiento liberó gran cantidad de suelo municipal para la promoción de Viviendas de Protección Oficial mediante la cesión del derecho de superficie. Esto permitió a un buen número de cooperativas vecinales adscritas a la FRAVM cumplir su sueño de construir, de manera autogestionada, sus edificios de viviendas.

La misma denominación de Plan 18.000 tuvo otro hito de la historia de la FRAVM, que lo ganó a pulso gracias al empuje del llamado Movimiento por la Dignidad del Sur, formado por las asociaciones vecinales de dos de los distritos más desfavorecidos de la ciudad, Usera y Villaverde. El plan, que posteriormente se reeditó en Puente y Villa de Vallecas, supuso la inversión de 18.000 millones de pesetas en ámbitos tan diversos como zonas verdes, educación, cultura, movilidad o mayores. Un plan de actuaciones que, en un proceso inédito hasta entonces de participación ciudadana, la Administración acordó en 1997 con las asociaciones vecinales. Podemos afirmar sin miedo a equivocarnos que el Plan 18.000 de Usera y Villaverde fue la primera gran experiencia de presupuestos participativos en la historia de nuestra ciudad.

Con un espíritu similar, ya en el siglo XXI, la FRAVM firmó los Planes Especiales de Inversiones y Actuaciones de estos dos distritos y de Puente y Villa de Vallecas, Latina, Carabanchel, San Blas, Vicálvaro y Tetuán, lo que ha supuesto la construcción y apertura de cientos de equipamientos y servicios públicos: centros educativos, deportivos, sociales, culturales, sanitarios, parques…933 millones de euros invertidos en acciones consensuadas con las asociaciones vecinales de la federación que sin duda han contribuido a reducir el desequilibrio territorial de la ciudad.

Con el mismo objetivo de reducir la distancia entre la periferia (socioeconómica) y el centro, usando el mismo modelo de concertación con la Administración, la federación vecinal logró en 2009 los primeros Planes de Barrio, un conjunto de acciones en empleo, educación, convivencia, infancia, mujer, juventud, deporte, mayores, mejora de espacios públicos y fomento del asociacionismo, entre otros aspectos, a desarrollar en las zonas más desfavorecidas de la ciudad. Tras el éxito de estos primeros planes, que en 2012 recibieron el reconocimiento del Observatorio Internacional de Democracia Participativa como Buena Práctica en Participación Ciudadana, la FRAVM ha logrado en estos últimos años la extensión de este programa de intervenciones a otras zonas de la ciudad, hasta superar la treintena de barrios. En el marco de los primeros Planes de Barrio, la FRAVM y el Ayuntamiento de Madrid pusieron en marcha un dispositivo único, el Servicio de Dinamización de Empleo, que desde hace ocho años orienta, informa y apoya a las personas desempleadas de barrios desfavorecidos de nuestra ciudad en su búsqueda de empleo, además de ofrecer formación ocupacional. Se trata de un servicio de proximidad que actúa de manera coordinada con la Agencia para el Empleo del Ayuntamiento.

Otra de las líneas esenciales de la FRAVM ha sido la defensa de la conservación del caserío de nuestros barrios frente a la idea de construir nuevas viviendas a cualquier precio, para lo que ha defendido planes públicos de rehabilitación. Esto lo hecho impulsando oficinas informativas sobre rehabilitación en las zonas afectadas, luchando contras las declaraciones de edificios en ruina, negociando subvenciones públicas para las comunidades de vecinos y, sobre todo, consiguiendo intervenciones de gran calado como las llamadas Zonas de Rehabilitación Integral (ZRI) o las Áreas de Rehabilitación Integral (ARI), hoy Áreas Preferentes de Impulso a la Regeneración Urbana (APIRU) en el municipio de Madrid. Actuaciones públicas que han servido para mejorar las condiciones de vida de muchos barrios, especialmente de aquellos más vulnerables. Desde 1989, año en el que se puso en marcha el primer plan de rehabilitación en Embajadores el asociacionismo vecinal federado ha logrado que miles y miles de viviendas de la capital sean rehabilitadas con ayudas públicas.

Al igual que ha colaborado con la administración municipal y regional en la creación, consolidación y extensión de estas ayudas, también lo ha hecho con otras como las subvenciones para la instalación de ascensores y otros elementos de mejora de la movilidad, el recambio de calderas de gas…

Coherente con su defensa de la vivienda como un derecho que la Administración debe asegurar, la FRAVM impulsó, junto a otros colectivos, la creación el 2011 de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de Madrid, muy activa desde entonces en la paralización de desahucios de familias sin alternativa de vivienda. Con la PAH y la Asociación Libre de Abogados lanzó hace unos meses una Iniciativa Legislativa Popular por una Ley urgente que garantice el derecho a la vivienda en la Comunidad de Madrid que, tras conseguir casi 77.000 firmas, en estos momentos espera a ser debatida y votada en la asamblea.

Otra de las batallas en las que la federación se ha mostrado muy activa es la reversión de las operaciones de venta de vivienda pública (del IVIMA y de la EMVS) a fondos buitre que tuvieron lugar en 2013. Desde entonces, la entidad apoya la justa lucha de las casi 5.000 familias afectadas.

Respecto a la planificación urbanística, la FRAVM ha apostado tradicionalmente por construir barrios y ciudades a escala humana, pensados para las personas residentes y para el peatón, bien comunicados y con los equipamientos y zonas de esparcimiento indispensables para gozar de un nivel de vida razonable. Con esta base, la federación ha colaborado siempre que ha sido posible en la mejora de las grandes operaciones de la capital (Mahou-Calderón, Chamartín, Campamento…) y de normas esenciales como los Planes Generales de Ordenación Urbana (donde destaca el trabajo realizado en torno al PGOUM de 1985, al PGOUM de 1997 y a su revisión posterior), muchas veces a través de alegaciones y sugerencias, o en intensas negociaciones con la Administración.

En movilidad, subrayamos conquistas como la peatonalización de algunas calles y plazas, la expansión de los carriles bici y antes, de los carriles bus y, muy particularmente, la creación de las Áreas de Prioridad Residencial, que desde la pionera APR de Embajadores en estos años se ha ampliado a los barrios de Las Letras, Ópera y muy pronto lo hará a todo el Centro, un anhelo muy peleado por las asociaciones vecinales de este distrito y por la FRAVM. En este campo, hay que destacar también la eliminación de los pasos elevados de Santa María de la Cabeza y Cuatro Caminos, así como la apertura de la Gran Vía de Villaverde o la Vía Verde de la Gasolina en Alameda de Osuna, entre otros avances.

Se trata de mejoras que no solo afectan a la movilidad sino que también contribuyen a un descenso de la contaminación acústica y atmosférica. Y aquí no podemos olvidarnos de la contribución de la FRAVM en la mejora de los mapas de ruido y planes de calidad del aire del municipio, ni de su implicación en la lucha por la reducción de las molestias causadas por autopistas urbanas como la salida de la A-4 o la M-40, o por grandes infraestructuras como el aeropuerto de Madrid-Barajas.

Por otro lado, la llegada de la red de Metro a muchos barrios (véase Alameda de Osuna, Villaverde, Carabanchel Alto, Hortaleza, Vicálvaro, La Elipa o La Fortuna -Legaqés-) ha sido posible gracias, en buena medida, a intensas movilizaciones impulsadas por las asociaciones vecinales y su federación. De la misma forma se ha conquistado la mejora del servicio de autobuses urbanos, interurbanos y de los trenes de Cercanías en muchas zonas, como son los casos de Coslada, San Fernando de Henares, Mejorada del Campo o Leganés.

Medio ambiente

Si hablamos de zonas verdes, es histórica la implicación de la FRAVM en la defensa de los grandes parques metropolitanos, empezando por la Casa de Campo y la Dehesa de la Villa, donde con los años se ha logrado la vieja reivindicación de suprimir el tránsito de coches en su interior. El Bosque del Humedal (Coslada), el Parque del Este (Aranjuez) Villa Rosa, el pinar de La Elipa, las Cuñas Verdes de O’Donnell, Vicálvaro y Latina, el parque Lineal del Manzanares y el de Palomeras, Valdebernardo, Valdebebas, Pradolongo…son espacios conquistados por el movimiento vecinal. En el diseño de este último, por cierto, al igual que sucedió con el llamado Museo al Aire Libre de Palomeras Bajas, tuvo lugar un proceso de participación ciudadana único en los años ochenta, que serviría de inspiración para procesos ulteriores. Muy importantes en estos años han sido también las exitosas batallas por lograr la apertura para su disfrute público de jardines antes privados como El Capricho, la Fuente del Berro y, más recientemente, la Quinta de Torre Arias.

Otro hito de la historia de la FRAVM es la regularización, conseguida en 2015, de los primeros huertos urbanos comunitarios, espacios de participación ciudadana y sensibilización agroecológica que desde unos años antes la federación impulsaba, con sus asociaciones, en diversos barrios, y que hoy se han extendido a la totalidad de los distritos de Madrid y a numerosos municipios de la región.

Siguiendo con cuestiones relativas al medio ambiente, la FRAVM logró en la década de los 2000 la supresión de la mayor parte del tendido aéreo de alta tensión (y su soterramiento) que aún permanecía en zonas como Aluche, Orcasitas y Aravaca, eliminando una fuente de contaminación electromagnética que preocupaba al vecindario. Más recientemente, la federación está detrás de la introducción en la agenda social y política de la región de los posibles efectos negativos para la salud de la expansión descontrolada de otro tipo de antenas, las de telefonía móvil, un asunto que genera mucha inquietud en algunas vecindades (como las de Getafe y leganés) y en cuya implantación debería tener siempre en cuenta el llamado principio de precaución.

La FRAVM también aparece como una entidad pionera en la comunidad autónoma y en España en la búsqueda de soluciones a focos de contaminación odorífera como el parque tecnológico de Valdemingómez. En fechas recientes, la federación ha llegado a un acuerdo inédito con el Ayuntamiento de Madrid para avanzar en la reducción de los olores procedentes de este lugar. En el plano de la gestión de residuos, la federación siempre ha apostado por la extensión del reciclaje, por un lado , colaborando con campañas de todo tipo y, por otro, por la eliminación de infraestructuras peligrosas como las incineradoras.

Sanidad y educación 100% públicas y de calidad

La defensa del acceso a servicios y derechos públicos gratuitos y de calidad, como sanidad, educación, agua o cultura, se encuentra en el ADN del movimiento vecinal y de su federación. Su huella se halla detrás de la apertura de numerosos centros de salud y hospitales en la región. Por citar algunos ejemplos, fruto de la movilización vecinal se logró abrir para uso civil el hospital Gómez Ulla de Carabanchel y se evitó el cierre de centros como el hospital Virgen de la Torre o La Princesa, una batalla, esta última, que se encuentra en el origen del movimiento de la Marea Blanca, que tras multitudinarias movilizaciones logró frenar los planes de privatización de los hospitales de la comunidad autónoma. El movimiento vecinal cuenta también en su haber la construcción de importantes centros hospitalarios de la región como es el caso de los de Parla, Alcorcón, Móstoles o Fuenlabrada.

Su huella está también en la apertura de numerosos colegios, institutos, escuelas infantiles y de adultos, centros de mayores, culturales y deportivos… reivindicaciones que, en todos estos 40 años, han acompañado a las asociaciones vecinales, especialmente en los barrios de nueva creación como los PAU, pues la norma, por desgracia, parece haber sido siempre primero el ladrillo, los pisos, la llegada de los vecinos y, después, los equipamientos y dotaciones básicas.

Otro ámbito que merece una atención especial es la lucha por el carácter público y accesible del agua en la región. Ante los planes de venta de la empresa pública, hace unos años la FRAVM puso en marcha junto a otros colectivos ciudadanos y ecologistas la Plataforma Contra la Privatización del Canal de Isabel II, un espacio que ha sido capaz de movilizar, a partir de una variada gama de acciones, a decenas de miles de madrileños en todos estos años. Gracias a este hecho, la plataforma ha conseguido frenar la externalización de una compañía pública que se ha visto salpicada por graves casos de corrupción.

La batalla contra la pobreza y la desigualdad y por la justicia social forma parte también del ADN de la federación vecinal, algo que se ha concretado en campañas y movilizaciones de todo tipo. A lo largo de estos cuarenta años han sido recurrentes las protestas contra la carestía de la vida, la subida de impuestos como el IBI o de productos básicos (pan, billete de Metro o bus..) o la creación de tasas tan impopulares como la tasa de la basura en Madrid y en Getafe, que sacaron a la calle a decenas de miles de vecinos y vecinas.

Barrios de acogida

Más allá de las conquistas materiales, la FRAVM ha luchado siempre por construir barrios abiertos, dinámicos, activos, plurales y acogedores, fomentando la integración de los nuevos vecinos y usando el diálogo y la mediación comunitaria como métodos esenciales para resolver los conflictos. Con esta visión y gracias al apoyo municipal, hace trece años la FRAVM puso en marcha el Servicio de Dinamización Vecinal, un dispositivo de enorme éxito que en estos momentos está presente en 23 barrios de la ciudad de Madrid.

Otra de las líneas de actuación de la federación es la búsqueda, no siempre fácil, de la conciliación entre el derecho al descanso del vecindario y el ocio, un plano en el que se han logrado importantes avances como el adelanto del cierre de bares y locales de ocio nocturno o la limitación de terrazas y de establecimientos que pueden causar molestias. Uno de los hitos en este ámbito es la creación y desarrollo, en los últimos años, de la Mesa del Ocio, un espacio de diálogo que reúne a la FRAVM, los empresarios del ocio y al Ayuntamiento. Reseñables también son las numerosas campañas de sensibilización ciudadana para el cuidado de nuestros barrios (de limpieza, mantenimiento) que a lo largo de estos 40 años han desarrollado las asociaciones vecinales y su federación.

Otro de los caballos de batalla de la FRAVM, que aparece como una de las razones de ser de la organización desde su origen, es la participación ciudadana, tanto de los habitantes de la ciudad en el tejido asociativo como en la gestión de aspectos de la vida pública que les afectan. Aquí hay que citar una labor constante de fomento del asociacionismo y de reivindicación de participación de los vecinos y sus asociaciones en las instituciones locales y regionales, para lo cual la federación se ha implicado en la mejora de los diferentes reglamentos de participación ciudadana y tomado parte en espacios como los Consejos Territoriales o los actuales Foros Locales.

Desde su creación, fiel a su espíritu constructivo y colaborador, la FRAVM participa en numerosos órganos de la administración, tanto regional como municipal. Espacios como el Consejo Municipal de Consumo, el Consejo Local de Seguridad, el Foro del Comercio Justo, la Mesa de la Movilidad, el Consejo Sectorial de las Personas Mayores, la Comisión para la Protección del Patrimonio Histórico, Artístico y Natural de Madrid, el Consejo para la Promoción de la Accesibilidad y la Supresión de barreras de la Comunidad de Madrid o el Consejo de Cultura autonómico. Por otro lado, hay que destacar experiencias de autogestión ciudadana que ha impulsado o auspiciado la FRAVM, de enorme potencia y resultados en el territorio, como la Central Térmica de Orcasitas, el Centro Social Seco, el Espacio Vecinal Montamarta o el Campo de la Cebada.

Por último, la FRAVM y sus asociaciones han defendido tradicionalmente una cultura y un deporte accesibles, populares y de base, y siempre se han preocupado por acercarlos a los barrios, no solo demandando la apertura y funcionamiento de instalaciones públicas de cercanía sino, sobre todo, organizando todo tipo de actividades que hacen de nuestros barrios lugares vivos y atractivos para residir. Gracias al impulso vecinal, se han recuperado infinidad de fiestas populares y eventos como las Cabalgatas de Reyes de barrio, certámenes literarios, muestras de cine y teatro…la gama es amplísima.

No podemos concluir esta relación de hitos sin mencionar la labor en defensa del patrimonio arquitectónico, artístico y cultural de la ciudad desplegada en todos estos años por la federación ciudadana, que ha cuajado en numerosas conquistas, como la recuperación y apertura al público de los cuarteles de Daoiz y Velarde (Retiro), la conservación del antiguo frontón Beti Jai (Chamberí) o del casco histórico de Villaverde, por citar solo tres ejemplos.

En estos momentos, la FRAVM cuenta con 277 entidades federadas. La mayoría son asociaciones vecinales, pero también podemos encontrar radios comunitarias, grupos de mujeres, asociaciones culturales y plataformas de afectados, lo que da fe de la enorme heterogeneidad de la organización.