La alcaldesa de la capital, Manuela Carmena, ha sido la encargada de leer el texto que, de manera íntegra, reproducimos al final, y que había sido propuesto por los cuatro grupos políticos municipales. Consecuentemente, todos los concejales de Ahora Madrid, PSOE, PP y Ciudadanos presentes en el pleno han aprobado con sus votos la declaración de reconocimiento. Lo han hecho ante una delegación vecinal integrada por cargos de la federación de diferentes épocas, que desde la tribuna han aplaudido agradecidos el gesto del Consistorio. Entre ellos se encontraban algunas de las personas que fundaron la FRAVM, como Julián Rebollo, Félix López Rey y Pepe Molina.

Tras la aprobación de la iniciativa municipal, un buen número de concejales del Consistorio, representantes de los cuatro grupos políticos, han abandonado unos minutos el salón de plenos para realizarse una fotografía con la delegación de la FRAVM en el hall del Palacio de Cibeles.

“Agradecemos al Ayuntamiento el reconocimiento de estos 40 años de intensa actividad vecinal. Esto significa que la ciudad de Madrid pone en valor el trabajo de muchísima gente durante todos estos años en los barrios, su implicación por tener lo que hoy tenemos. Madrid sin las aportaciones de los barrios y de sus asociaciones no sería la ciudad que actualmente conocemos”, ha afirmado el presidente de la FRAVM, Quique Villalobos, tras la votación de la declaración institucional.

Recordemos que el próximo jueves, 2 de noviembre, la federación ciudadana cumple 40 años de su legalización, una efemérides que celebrará, por todo lo alto, el próximo 18 de noviembre en Nave Terneras de Arganzuela con una intensa jornada.

DECLARACIÓN INSTITUCIONAL: 40 ANIVERSARIO DE LA FEDERACIÓN REGIONAL DE ASOCIACIONES VECINALES DE MADRID (FRAVM)

1977 fue un año clave en la historia de nuestro país. Tras cuatro décadas de dictadura franquista, el pueblo español conquistaba los derechos y libertades básicas y la legalización de las organizaciones sindicales, sociales y políticas.

Estas conquistas no fueron un regalo. Amplios sectores sociales tuvieron que luchar durante décadas, sufrir la violencia y la represión para abrir las puertas a una nueva época. Entre ellos, miles de trabajadoras y trabajadores inmigrantes que arribaron a las grandes ciudades atraídos por la demanda de mano de obra de las grandes concentraciones fabriles.

Fueron ellos y ellas quienes desde las periferias de Madrid dieron vida a las asociaciones vecinales y a su federación provincial, legalizada al fin tras varios años de actividad y movilizaciones en los que, además de “pan y libertad”, se exigía su legalización y reconocimiento.

El movimiento vecinal jugó, junto a otros movimientos sociales y organizaciones políticas y sindicales, un papel esencial en la conquista de los derechos y libertades democráticas. Desde entonces, sin haber sido protagonista de las crónicas de la historia, con mayúsculas, de nuestro país, el movimiento vecinal ha ido dejando su huella en la historia de nuestra ciudad y en las decenas de historias de nuestros barrios. Tras buena parte de los equipamientos colectivos y políticas públicas orientadas a la mejora de las condiciones de vida colectivas, al reequilibrio de la ciudad o a la conquista de mayores niveles de participación democrática, está el trabajo, la propuesta y, a menudo, la protesta de las asociaciones vecinales.

Fruto de su lucha, miles de familias pasaron del barro al barrio, logrando cambiar las chabolas por viviendas dignas y creando barrios como Orcasitas, Orcasur, Fontarrón, o Palomeras.

Gracias a su impulso, 150.000 personas lograron el realojo en sus barrios y la construcción de miles de viviendas de promoción pública dando lugar a una de las operaciones urbanísticas más importantes de Europa en la segunda mitad del siglo XX y a un episodio único en términos de construcción participada de la ciudad.

Desde entonces, cabe atribuir al movimiento vecinal centenares de conquistas que han servido para garantizar el acceso de la ciudadanía a una vivienda digna, para recuperar la ciudad consolidada, tanto en lo referido a la rehabilitación de su parque residencial como a la defensa de su patrimonio arquitectónico, para mejorar el transporte público y la movilidad, para ampliar y conservar las zonas verdes, para garantizar unos servicios públicos gratuitos y de calidad y para dotar a los barrios de equipamientos educativos, sanitarios, culturales, deportivos, sociales… que, especialmente en los barrios de nueva creación, siempre han llegado con años de retraso con respecto a las viviendas.

Muchas de esas conquistas materiales, como la operación Barrios en Remodelación, iniciada en 1979, el parque de Pradolongo, el Plan 18.000 de Usera y Villaverde o los Planes Especiales de Inversiones fueron arrancadas tras sostenidas movilizaciones vecinales y exigencias de participación ciudadana que se tradujeron en pioneros procesos de cogestión de políticas públicas dirigidas a mitigar el desequilibrio social y territorial de la ciudad.

Hoy, cuarenta años después de la legalización de la Federación Provincial de Asociaciones Vecinales de Madrid, agradecemos a la FRAVM y a todas y cada una de las asociaciones que representa, la labor constante, responsable, constructiva y rigurosa, pero también crítica, de la que han dado muestra todos estos años y, gracias a la cual, Madrid es un poco más habitable, más amable y participativa.