Los centros históricos narran el discurrir de la historia de la ciudad. Ahí reside, precisamente, su valor. El prestigioso urbanista Campos Venuti aconseja que si se llevan a cabo planes de intervención urbanística en los centros históricos, para ser realmente tales y preservar la cultura, “tienen que referirse tanto a la teoría como a la práctica y basarse en la triple salvaguarda, no sólo morfológica, sino también social y funcional”. El Ayuntamiento de Madrid parece pasar por alto estas consideraciones a la hora de abordar la revitalización del centro urbano, a tenor de la cadena de cierres de espacios culturales que está sufriendo el centro histórico de la capital, del que el teatro Albéniz es el último ejemplo.

Así lo entienden la Asamblea Ciudadana del Barrio de Universidad (ACIBU), del distrito Centro y la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM), que ve con preocupación cómo los cines del centro caen como fichas de dominó para ser sustituidos, en su mayoría, por sucursales de las grandes marcas comerciales o servir a los feroces intereses especulativos de las inmobiliarias. El cine Alhambra, el Fuencarral, los cines Luna… han apagado sus proyectores y los vecinos temen que otros, como el Palafox, el Avenida (construido en 1926 sobre un proyecto de J.M. Cuadra Salcedo y Arrieta Mascarúa) y el Palacio de la Música (edificio que data de 1928, obra del genial Secundino Zuazo) corran la misma suerte después de que los propietarios de estos dos últimos cursaran a la concejalía de Urbanismo, Vivienda e Infraestructuras la solicitud ‘de cambio de uso para dedicarlo a comercial’.

ACIBU y la FRAVM instaron en su momento al Ayuntamiento a que denegara la solicitud de cambio de uso presentada por los propietarios de El Palacio de la Música y el cine Avenida y que ambos inmuebles fueran declarados Bien de Interés Cultural. Ahora, insisten en que la administración ha de salvaguardar el uso cultural de cines, teatros, salas de artes escénicas y musicales del centro histórico para garantizar la salvaguarda no sólo morfológica, sino también social y funcional del centro histórico.