La ‘revisión exprés’ del Plan General de Ordenación Urbana con la que el Ayuntamiento de Madrid ha liquidado hoy el contencioso abierto tras la anulación, por parte del Tribunal Supremo, de 22 desarrollos urbanísticos, supone una huida hacia adelante y la renuncia a reconducir la estrategia territorial de la ciudad, profundizando en los errores y en los excesos de la burbuja inmobiliaria.

La Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM) solicitó, durante el periodo de alegaciones, que la resolución definitiva de la situación urbanística de los ámbitos se remitiera a la revisión del PGOUM que se está llevando a cabo en la actualidad toda vez que este proceso, al menos, prevé unos tiempos más acordes con la complejidad y el alcance de las decisiones a tomar y que respetan la necesaria participación de la ciudadanía.

El Ayuntamiento ha interpretado la sentencia como si de un mero “defecto de forma” se tratara. Nada más lejos de la realidad: el Supremo señala la imposibilidad de reclasificar como urbanizable los suelos no urbanizables protegidos si no se acredita que éstos hayan perdido los valores naturales por los que en su día fueron protegidos. En la actualidad, transcurridos 27 años desde el PGOUM de 1985, muchos de estos suelos no solo no han perdido sus valores, sino que los han incrementado. Por tanto, el Ayuntamiento podría ocasionar aún más perjuicios a los actuales y futuros afectados, agravando el problema social generado.

La FRAVM lamenta que el Consistorio no haya aprovechado la sentencia para reconducir la estrategia territorial de la ciudad, evitando profundizar en los errores y excesos de la burbuja inmobiliaria, en línea con la autocrítica que el propio Ayuntamiento hace en el documento de Preavance de la revisión del PGOUM de 1997.

En lugar de consumar la urbanización de todo el término municipal, como preveía el PGOUM de 1997 declarado parcialmente nulo, se deberían preservar los espacios naturales valiosos que aún quedan (especialmente en Campamento, Los Cerros y Valdecarros), destinar parte de los suelos a la recuperación de la agricultura periurbana, y reducir el consumo de suelo en unos sectores urbanizables residenciales que ni son necesarios ni son viables, liberando suelo para recuperar la idea del “anillo verde”. Las cooperativas afectadas en ámbitos iniciados pero inviables económicamente, como Los Berrocales y Los Ahijones, podrían perfectamente ser reubicadas en sectores no afectados por la sentencia, como El Cañaveral. Para ámbitos como Valdebebas o Arroyo del Fresno se podrían haber buscado soluciones que combinen el respeto a las sentencias con la salvaguarda de los derechos de los particulares afectados que han sido víctimas de la temeraria política de las administraciones madrileñas.