Tras analizar su contenido, la FRAVM, haciendo suyo el parecer de las agrupaciones de los barrios con mayor concentración de terrazas, lamenta esta nueva oportunidad perdida para regular esta actividad empresarial teniendo en cuenta los derechos de las personas residentes. Y es que la norma en vez de responder al interés general (que debería ser el fin de todo buen legislador), ha sido gestada en beneficio de una minoría, muy ruidosa, eso sí, que paga pocos impuestos, mantiene a sus trabajadores con sueldos de hasta un 40% por debajo de la media del conjunto de los convenios colectivos, hace un uso abusivo del espacio público, devalúa las viviendas, altera la convivencia en los barrios y en muchos casos empeora la vida de sus vecinas y vecinos.

Si el texto no es aún peor para el vecindario o para otros sectores económicos como el comercio es debido a la movilización ciudadana de los últimos meses y a la presión ejercida por las asociaciones vecinales y de comerciantes, que han conseguido que se incluyan algunos cambios, aún de manera descafeinada, como la prohibición de las terrazas de los food truck, la supresión de las estufas de gas (aunque el plazo es demasiado amplio), la creación de la figura de zona saturada (muy recortada a última hora) y un régimen sancionador más duro. ¿Pero de qué sirve incrementar las sanciones con unos servicios municipales de vigilancia y control sin personal suficiente, que hoy por hoy son incapaces de hacer cumplir la actual ordenanza?

Por otro lado, no es cierto que la nueva ordenanza, tal y como han repetido en estos días nuestros munícipes, es una norma nacida del consenso. Ni mucho menos. En diciembre, la FRAVM participó en las reuniones del grupo intersectorial creado por el Ayuntamiento para abordar el proyecto de modificación de la ordenanza, y en ese espacio pudo trasladar su parecer y propuestas. Pero una cosa es poder opinar y otra muy distinta ser escuchado para negociar un acuerdo, que es la base del consenso. Y en este proceso no ha habido negociación en ningún momento, y no será por el interés y seriedad mostrados por las asociaciones vecinales y su federación, que con el fin de mejorar el texto de la ordenanza envió un exhaustivo y documentado escrito de 66 sugerencias y alegaciones, la mayoría de las cuales han caído en saco roto.

No estamos en contra de las terrazas, eso lo hemos dejado claro una y mil veces. Pero sí de su concentración en zonas residenciales y de su descontrol, algo que, como bien saben los vecinos y vecinas de Chamberí, Centro, Retiro, Arganzuela, Salamanca, pero también de barrios de otros distritos periféricos, genera graves problemas de movilidad y convivencia. Los habitantes de zonas como Ponzano, Argüelles, Trafalgar, Malasaña, Chueca, Embajadores, La Latina, Ibiza o Goya llevan meses de protestas porque están hartos de no poder dormir y descansar por causa del terraceo, hartos de soportar más basura y suciedad en sus calles, de los altercados y la falta de seguridad generados por el consumo de alcohol, hartos de no tener espacio para pasear cómodamente por sus aceras y plazas y de no poder acceder con facilidad a comercios y otros establecimientos que hoy se encuentran rodeados de terrazas, veladores, sombrillas, toldos, estufas y todo tipo de cachivaches que ocupan un espacio que es público, muchas veces haciendo gala de una estética nefasta. Y la modificación de la ordenanza no va a servir para resolver estos problemas.

La desconfianza de los vecindarios afectados por la concentración de terrazas con su Ayuntamiento es cada vez mayor. El alcalde y la vicealcaldesa les prometieron que las terrazas covid desaparecerían el 31 de diciembre de 2021, y ahora se prolongarán no un año sino ¡dos años! Y lo harán, gracias a las modificaciones de última hora, incluso en Zonas Ambientalmente Protegidas. Rechazamos de manera rotunda que en estos lugares se mantengan las terrazas en bandas de estacionamiento, ocupen estas más o menos del 40% del espacio. ¿No entienden nuestros responsables políticos que, más allá de la reducción de las plazas de aparcamiento para los residentes que han provocado las terrazas covid, estas causan graves molestias para el descanso de los vecinos y vecinas que viven encima? Este problema es especialmente grave en calles estrechas, donde los ruidos se amplifican por el llamado efecto de pasillo o eco flotante.

Por estas razones, estamos también en contra de permitir la actividad de estas terrazas hasta las 24:00. Tal y como expusimos en nuestras alegaciones, ninguna terraza en zona residencial debería poder operar más allá de las 23:00 si se quiere garantizar, como se pregona desde el Gobierno municipal, el descanso vecinal. Permitir su actividad en horario nocturno en distancias inferiores a 200 metros de las viviendas supone una decisión irresponsable que además choca frontalmente con la ley del ruido y su traducción municipal, la OPCAT.

Madrid necesita una nueva ordenanza de terrazas de verdad, una nueva ley que nazca del consenso entre hosteleros, vecinos y la Administración que sea capaz de regular las nuevas formas de consumo respetando el derecho al descanso y a la ciudad de las personas residentes. La que se va a aprobar mañana es solo una pobre modificación de la ordenanza actual, un parche que no solo va a servir para resolver los problemas existentes sino que puede avivar el actual conflicto vecinal.

Con el fin de mostrar a los concejales del Ayuntamiento de Madrid este parecer, representantes de asociaciones vecinales de las zonas más afectadas por la concentración de terrazas y de la FRAVM se darán cita mañana martes, 25 de enero, ante el acceso al Palacio de Cibeles de la calle Montalbán. Lo harán a las 9:00, momentos antes del comienzo del pleno municipal.