‘Nuestros árboles están en peligro. Muchos de los ejemplares que todavía forman parte del perfil urbano de la capital han sido testigos de la historia de Madrid, de las luchas que aquí se produjeron, del progreso de la ciudad y de los cambios en la vida de sus habitantes, de las sequías y de la contaminación. Han sido capaces de superar condiciones adversas durante muchos años, pero no van a poder sobrevivir a uno de sus peores enemigos: la política urbanística desarrollada por el alcalde de Madrid y consentida por la presidenta regional.

Ni Ruiz-Gallardón ni Esperanza Aguirre han dudado en eliminar decenas de miles de árboles en proyectos urbanísticos como el de Eugenia de Montijo, el del parque Tierno Galván, las riberas del Manzanares en las obras de la M-30 o la reciente polémica por la reforma del Paseo del Prado y la consiguiente tala de ejemplares centenarios.

Para los máximos dirigentes del Ayuntamiento y de la Comunidad nuestros árboles no tienen ninguna importancia, a pesar del profundo respeto y cariño que los ciudadanos de Madrid sentimos por ellos y de que la ciudad ha encabezado durante años la lista de ciudades europeas con más árboles.

Ante esta situación, en defensa de nuestro patrimonio arbóreo y ante la falta de respuesta de los responsables en el Consistorio y en el Gobierno regional, los partidos políticos, asociaciones vecinales y organizaciones sociales firmantes de este manifiesto queremos pedir a los madrileños y madrileñas que se sumen a la defensa de los árboles de Madrid con un sencillo gesto: rodear el tronco de un árbol con una cinta de color verde para mostrar nuestro respeto y nuestra voluntad de protección. Simbólicamente nuestros árboles quedarán protegidos y haremos visible nuestro interés por conservarlos. Esta será, como es tradicional, la petición simbólica que los madrileños y madrileñas preocupados por el medio ambiente urbano y por la salud y el aspecto de la ciudad hacemos a su patrón, San Isidro Labrador.

De este modo, mostraremos nuestro deseo de vivir en una ciudad en la que el asfalto y el ladrillo no sean los únicos protagonistas y la firme defensa de cada uno de los árboles que aún permanecen en nuestros paseos y calles. Porque queremos un Madrid para las personas, para vivir y pasear, para trabajar y para legar a las generaciones futuras un lugar en el que haya algo más que el color gris de la especulación, algo tan sencillo y a la vez tan valioso como nuestros árboles.’