Marcelino Camacho nació el 21 de enero de 1918 en Osma La Rasa (Soria). Hijo de un ferroviario afiliado a UGT, se entregó a la construcción de un nuevo sindicato a la temprana edad de 16 años. Uno después se afiliaba al Partido Comunista de España. El estallido de la Guerra Civil alimentó su ya irreversible impulso luchador de la mano de su padre y otros compañeros, a quienes ayudó a descarrilar la locomotora 531 a su paso por el pueblo para bloquear la comunicación de las tropas franquistas. Finalizada la contienda, fue detenido y encarcelado en Madrid. Ésta sería la primera, pero no la última vez que pagaba con su libertad su compromiso con los valores de la democracia.

En 1943, Camacho logró escapar a Marruecos y, un año después, a Argelia, donde conoció a su compañera: Josefina. De vuelta a España, en 1957, comenzó a trabajar de oficial fresador en Perkins Hispania –luego Motor Ibérica– retomando, desde el primer día, una labor sindical que no tardaría en llevarle a la cárcel.

Corría el año 1966. No tardó en salir antes de volver, pero pudo disfrutar, en ese tiempo, de la aplastante victoria de CC OO en las primeras elecciones sindicales, celebradas en 1977, en las que Camacho recibió el apoyo casi unánime de sus compañeros de fábrica.

En 1972, Camacho vuelve a dar con sus huesos a la cárcel con el resto de la cúpula de CC OO (Nicolás Sartorius, Miguel Ángel Zamora, Pedro Santiesteban, Eduardo Saborido, Francisco García Salve, Luis Fernández, Francisco Acosta, Juan Muñiz Zapico y Fernando Soto) en el Proceso 1001.

La democracia le devolvió la libertad y sacó de la clandestinidad a su sindicato, del que fue elegido secretario general en 1977. Ese mismo año es nombrado diputado de las cortes constituyentes por el PCE, un cargo que revalidó en 1979.

Promotor de la huelga general que su sindicato convocó en solitario, en 1985, contra la reforma de pensiones promovida por el primer Gobierno socialista de Felipe González, nunca abandonó su compromiso con la lucha en defensa de los derechos de las trabajadoras y trabajadores, la democracia y la libertad.

Las asociaciones vecinales y la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM) lamentan hoy su irreparable pérdida y se suman al unánime reconocimiento de un trabajador que nunca abandonó la lucha por la conquista cotidiana del pan, el trabajo y la libertad.

Especialmente sentida es su pérdida en el distrito de Carabanchel, donde vivió en su domicilio de siempre –en un tercer piso sin ascensor–, no muy lejos del penal que le privó de libertad largas temporadas y que fue escenario de algunas de sus últimas apariciones públicas, entregado a la causa de la construcción de un Centro para la Paz y la Memoria.

Representantes de la Junta Directiva de la FRAVM y del movimiento vecinal participarán en los actos organizados por CC OO para honrar la memoria y despedir al histórico líder:

Viernes a las 10h: apertura de la capilla ardiente en la sede de CC OO, en la calle Lope de Vega 38. La Junta Directiva acudirá a despedir sus restos a las 18.30h .Sábado 30 de octubre a las 12h: acto de despedida en la Puerta de Alcalá..Sábado 30 de octubre a las 14h h: entierro en el Cementerio Civil (Avda de Daroca, 90)..

En la imagen, Marcelino Camacho posa, entre otros, junto a Prisciliano Castro y Eusebio Calle, otros dos ‘imprescindibles’ del movimiento sindical y vecinal madrileño.