El volumen, que fue presentado en el marco privilegiado del futuro Museo de Artes y Tradiciones Populares, en una corrala reformada de la calle Carlos Arniches, disecciona un proceso gracias al cual se han rehabilitado 8.659 viviendas y 947 locales comerciales. Unas cifras que, aunque positivas, a tenor de las asociaciones vecinales resultan claramente insuficientes para una de las zonas de Madrid con mayor número de infraviviendas. Gracias a la intervención coordinada del Ayuntamiento de Madrid, el Gobierno regional y el Ministerio de Vivienda, las administraciones que han dirigido el proceso de rehabilitación, en estos diez años tan sólo se han eliminado 300 de estas casas precarias. Por eso, de cara al próximo Plan General de Ordenación Urbana, la “FRAVM pedirá que se incluya como una prioridad la erradicación de la infravivienda del Centro y en concreto la de Lavapiés”, anunció Pérez Quintana, que reclamó también la reedición del Área de Rehabilitación Integral del barrio. “Aunque para Lavapiés hace falta algo más que un ARI, hace falta una Área de Rehabilitación Concertada, pero la Comunidad no quiere ni oír hablar del tema”, aclaró.

El guante lanzado por el dirigente vecinal fue recogido de inmediato por una de las ponentes del acto, la delegada de Urbanismo y Vivienda del Ayuntamiento de Madrid, Pilar Martínez, que se comprometió a presentar ante la Comunidad de Madrid y el Ministerio la “petición de abrir una tercera fase del ARI de Lavapiés”. Martínez, al igual que hizo Ángeles Marín, Directora General de Arquitectura y Vivienda del Ministerio de Fomento, defendió la extensión de un modelo de gestión “exitoso”, en el que han intervenido “las tres administraciones, los grupos políticos y los colectivos de vecinos”. La responsable municipal calificó el libro realizado por Pérez Quintana de “herramienta muy valiosa para el análisis de lo realizado en estos años, que sirve de guía de acción para otros barrios de Madrid, como ya está ocurriendo en San Cristóbal de Los Ángeles o en el ARI Pez-Luna”, en el céntrico barrio de Universidad. En la misma línea aunque desde otra óptica, el presidente de la FRAVM, Nacho Murgui, alabó la investigación, “una herramienta que sirve para transformar la realidad”, muy útil no sólo para las administraciones sino también para las asociaciones vecinales.

El concejal del Distrito Centro, José Enrique Núñez, por su parte, valoró que las 324 páginas del libro plasmen “una historia de lucha, de trabajo y objetivos conseguidos”. “Aunque -aclaró- el objetivo es continuar con la rehabilitación en el distrito Centro, algo que no podemos dejar de hacer porque si paramos la rehabilitación del casco histórico el motor de la ciudad se para”. Junto al concejal, haciendo las veces de maestro de ceremonias, intervino uno de los principales protagonistas del proceso de rehabilitación de Lavapiés, Manuel Osuna, presidente de La Corrala, la asociación vecinal del ámbito.

Durante la presentación del libro, tanto Pilar Martínez como Vicente Pérez Quintana tuvieron palabras de reconocimiento y gratitud para una de las grandes ausentes del acto de ayer y auténtica punta de lanza del proceso de rehabilitación del barrio, María Roces, que no pudo asistir por problemas familiares. “Llevo 20 años luchando codo con codo con ella, una persona que la hemos visto oponerse a los desalojos de viviendas del barrio, a los que acudía a veces con 30 señoras, a veces con 5, pero siempre estaba en primera línea”, indicó el autor de la publicación. En su intervención, Pérez Quintana apuntó las características de su modelo de rehabilitación, que va mucho más allá de la mejora estructural de las viviendas. “Cuando hablamos de rehabilitación estamos hablando de extender la justicia social, de ayudar a los que menos tienen, de aportar algo a la ciudad sostenible”, de una “rehabilitación integral”, en definitiva. “No es de recibo invertir un solo euro público en arreglar la fachada de un edificio cuando la estructura presenta deficiencias. El fraccionamiento que está haciendo la Comunidad de Madrid va en este sentido, lo que supone volver al fachadismo de años pasados”, remachó el sociólogo. Integral significa también acompañar la mejora de las casas con inversión en zonas verdes, equipamientos sociales y otros recursos para las personas con menos recursos. Integral implica, de igual forma, el fomento de una participación de los afectados en el proceso de abajo arriba, “desde las comunidades de fincas”, que incluya no sólo a los propietarios sino también a los inquilinos, ya que también forman parte del barrio y, por ello, “no pueden asistir como meros espectadores”, aseguró Pérez Quintana. “Hay que empoderar a las comunidades de vecinos; se supone que el cliente siempre tiene razón, pero para eso no sólo tendrá que tener razones sino también que les dejen expresarlas”, concluyó el autor de Lavapiés. Intervención y rehabilitación. 1998-2008.