El 21 de septiembre de 1975 se constituyó la Asociación de Vecinos de Chamberí con el objetivo de “aunar esfuerzos individuales, canalizar expectativas y contar con la participación activa de los y las vecinas de Chamberí para buscar soluciones a los problemas del distrito”. Pero no fue hasta dos años después, el 3 de mayo de 1977 cuando el Gobierno Civil de Madrid reconoció legalmente a la entidad con el nombre de Asociación de Vecinos ‘El Organillo’ de Chamberí y procedió a su inscripción en el Registro Provincial de Asociaciones.

Desde entonces, ha sido un espacio de referencia no solo en su barrio y distrito, sino también en la ciudad. Tal y como recuerda Julio López de la Sen, su actual presidente, “durante este tiempo la asociación ha tenido una única línea de actuación: poner en común, movilizar y luchar a favor de las necesidades de todos y todas”. Y muy mal no lo han tenido que hacer sus integrantes cuando hoy cuenta con el reconocimiento de las distintas administraciones y, “lo que es más importante, el de nuestros vecinos y vecinas”, indica López de la Sen.

Un reconocimiento que se ha producido sin que el colectivo de barrio renuncie a su autonomía e independencia. “Siempre hemos sido críticos y vigilantes. Impulsando cambios desde la propuesta. Siempre desde una actitud comprometida y capaz con Chamberí. Dispuestos a ofrecer desde la honestidad y en la medida de nuestras posibilidades (limitadas en lo económico pero infinitas en dedicación y esfuerzo) soluciones para lograr entre todos un modelo de ciudad no efímero ni transitorio sino estable, permanente y solidario”, afirma el presidente de la entidad, antes de recordar algunas de las batallas de estas cuatro fructíferas décadas en las que la asociación ha jugado un importante papel.

Luchas como las impulsadas contra los aparcamientos de la calle Álvarez de Castro, la defensa y recuperación del antiguo Hospital de Jornaleros (hoy sede de la Consejería de Vivienda y Transportes de la Comunidad de Madrid) o la conversión en el actual parque Muñoz Revenga de la llamada esquina de CAMPSA. Actuaciones como el trabajo para mejorar la seguridad y medio ambiente en los bajos de Aurrerá, la lucha por la peatonalización de la calle Fuencarral o la oposición a la construcción de túneles. Y otras más recientes como la batalla para alcanzar una protección suficiente contra el ruido procedente de los locales de ocio, la exitosa lucha en los tribunales y en la calle contra el campo de Golf y por el parque del Canal en Islas Filipinas, la defensa del uso dotacional del Palacete de Alberto Aguilera, la recuperación y uso público del Frontón Beti Jai y “la denuncia del expolio que supone la venta del patrimonio público como es el caso del Taller de Precisión de Artillería”.

“Estás y otras muchas acciones conforman otra forma de hacer barrio, donde puedas tener la oportunidad de alzar la voz ante la injusticia, porque no queremos ser la voz de los vecinos, sino su instrumento para ser oídos”, remacha Julio López de la Sen, antes de concluir: “cumplimos 40 años, pero seguimos en la lucha, porque aún hay mucho por hacer”.