El club ya ha colgado el cartel de “no hay localidades” para ese día y para el 23 de septiembre, fechas en las que celebrará sus dos primeros partidos de La Liga Santander en casa. Ha vendido las entradas a sabiendas de que el Ayuntamiento de Madrid no pondrá ningún impedimento a la celebración de estos eventos multitudinarios.

La Coordinadora de Asociaciones Vecinales de San Blas-Canillejas, que agrupa a las entidades del distrito, teme que el caos circulatorio se apodere de la zona esos dos días, dado que, “por unos y por otros” (Fomento, la Comunidad de Madrid y el Consistorio) los trabajos de mejora de los accesos desde la M-40 y otras medidas ni siquiera han echado a andar. Fomento, que acusa al Ayuntamiento de Madrid de demorar la entrega de la documentación necesaria para poder llevar a cabo el plan, no aprobó la primera fase de las obras hasta el pasado 30 de agosto, de tal forma que resulta imposible que estas concluyan antes de que finalice el presente mes. “El Ayuntamiento de Madrid no ha cumplido su palabra, pues en un acto público sobre la operación que se celebró el pasado mes de noviembre en la Junta de San Blas, el delegado de Desarrollo Urbano Sostenible, ante cientos de vecinos, aseguró que no permitiría la apertura del estadio sin las medidas de movilidad mínimas acordadas para la primera fase, y ahora ha afirmado que a pesar de todo dará al club la licencia de actividad para poder jugar desde el 16 de septiembre”, se queja el portavoz de la citada plataforma y responsable de Urbanismo y Vivienda de la FRAVM, Vicente Pérez Quintana. “¿Lo más lógico y sensato no hubiese sido permanecer en el Calderón o utilizar otro estadio de manera temporal, hasta que el Wanda Metropolitano estuviese realmente listo?” se pregunta el representante ciudadano, recogiendo el enfado de las gentes del entorno del nuevo campo de fútbol, que esperan que, al menos los aparcamientos externos y otras infraestructuras situadas en su exterior, estén finalizadas para el primer partido de La Liga. En estos momentos, las empresas encargadas de su ejecución se afanan por lograrlo, pero los vecinos no se fían, lamentando tanta improvisación y unas prisas que no auguran nada positivo.

Poco después de que lo hiciera José Manuel Calvo, su director general de Espacio Público, Obras e Infraestructuras del Consistorio, José Luis Infanzón, también aseguró que el estadio no se abriría al público si en septiembre no se llegaba a ejecutar la primera fase del plan de movilidad, que incluyen la ampliación de la estructura sobre la A-2, la mejora de la conexión de la vía de servicio de la M-40 con la avenida de Arcentales, la creación de un nuevo carril y la ampliación de calzada de la M-40 hacia el sur en ambos sentidos para enlazar con la citada avenida. Es evidente que estas medidas, que precederán a otras destinadas a ser realizadas en una segunda fase, no estarán listas para septiembre, pero tampoco para octubre y dudamos que lo estén para noviembre. Intereses ajenos al bienestar de los vecindarios de Las Rosas, Las Musas, San Blas, Canillejas y Coslada, municipio limítrofe que también se verá afectado por los eventos del estadio, dictan el desarrollo de la operación urbanística desde su propia concepción.

Más allá de las actuaciones acordadas para la primera fase, hay que subrayar que numerosas sugerencias de las asociaciones vecinales de San Blas para evitar el colapso circulatorio que pueden producir las competiciones en el estadio ni siquiera se han considerado, como la rehabilitación y apertura de la antigua estación de O’Donnell en el barrio de Ciudad Pegaso (ubicada junto al centro comercial Plenilunio) para que puedan realizar paradas los trenes de Cercanías, la llegada de la línea 2 de Metro al campo de fútbol o la conexión de las líneas 2 y 5 con la línea 7, que actualmente realiza parada en Estadio Metropolitano.

Foto: 20 Minutos