El asesinato de Lucrecia ha sido considerado por la Justicia española como el primer caso de crimen racista en nuestro país. “Es evidente que no fue el primero, pero cierto es también que fue un crimen que nos afectó directamente, el que interpeló por primera vez con la mayor vehemencia a nuestra conciencia ciudadana”, sostienen las dos entidades que impulsan el homenaje.

“Saben quienes vivían entonces en Aravaca -continúan en un comunicado que han hecho público para la ocasión- que el asesinato de Lucrecia fue precedido de la creación de un clima de tensión que auguraba un trágico desenlace. Bulos contra personas originarias de la República Dominicana oportunamente alimentados por discursos políticos anti-inmigración y difundidos por medios de comunicación sensacionalistas que nunca hicieron autocrítica de su papel y responsabilidad en los sucesos. Se señaló desde las páginas de la prensa a las víctimas, las imágenes de televisión las mostraron reiteradamente en determinado espacio de la barriada. Lo siguiente, ya se sabe: un grupo de jóvenes ultraderechistas recogió el guante y se acercó con nocturnidad y alevosía a las ruinas de la discoteca Four Roses, donde inmigrantes dominicanos sin techo se guarecían del frío, para disparar a sangre fría e indiscriminadamente a las primeras personas con que se toparon. Mataron a Lucrecia Pérez, hirieron de gravedad a Augusto César Vargas y huyeron amparados en la noche y a toda velocidad por la autopista”, recuerdan los colectivos vecinales.

Casi tres décadas después, da la impresión de que el suceso ha caído en el olvido. Y, sin embargo, el clima de aquellos días que propiciaron el crimen racista de Aravaca se reproduce en otros barrios de Madrid. El racismo y la xenofobia que lo alimentaron toma hoy otras formas: la islamofobia, los menores extranjeros no acompañados, deshumanizados como menas, a quienes se dirige en la actualidad el ataque más vil desde la tribuna del Congreso y desde los medios de comunicación. “Y ya sabemos lo que ocurre a continuación, pues la voz de los líderes políticos y de opinión que ponen en la diana a grupos y sectores de población encuentra con facilidad al valentón dispuesto a dar el primer paso”, advierten Osa Mayor y ACROLA en su nota.

“El recuerdo de Lucrecia sigue vivo en cada una de nosotras. Por ello, las asociaciones vecinales de Aravaca y otras entidades de la sociedad civil, conscientes de la gravedad del momento, asumen la obligación ética de extirpar de raíz estas actitudes. En nuestro barrio no habrá espacio para la xenofobia, el racismo, la discriminación de cualquier colectivo humano”, aseguran las dos entidades organizadoras del acto de mañana.