En 1968, el mar de chabolas que entonces era el barrio de Palomeras dio a luz la primera asociación de vecinos legalizada de Madrid, la AV de Palomeras Bajas. Como sucede en otros barrios de Puente de Vallecas y de Madrid, la entidad, que continúa activa hoy en día, nace de la necesidad de conseguir servicios tan básicos como agua corriente, luz eléctrica o alcantarillado. Durante años, al frente de un vecindario que procede de la emigración interior, de regiones más pobres como Andalucía o Extremadura, se moviliza sin descanso para exigir una vivienda digna en un barrio digno, algo que dará sus frutos a finales de los setenta. Esta conquista, junto a otras como la transformación urbanística del Pozo del Tío Raimundo, la ampliación de la red de autobuses urbanos a todos los barrios del distrito, la prolongación de la línea 1 del Metro, la creación del Parque Lineal de Palomeras o la lucha por una educación pública de calidad forman parte de la exposición “40 años de acción vecinal” que se inauguró el pasado 1 de abril en el Centro Cultural Paco Rabal. Tras recorrer Coslada, Fuenlabrada, Leganés, San Fernando de Henares y los distritos capitalinos de Chamartín, Hortaleza y Moratalaz, la muestra de fotografías, una iniciativa concebida por la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM) para celebrar las cuatro décadas de historia del movimiento ciudadano, llegó por fin a Puente de Vallecas. Más de un centenar de vecinas y vecinos se dieron cita en el centro cultural Paco Rabal -una conquista vecinal- para asistir a la inauguración de la muestra, en la que, además de la exposición virtual que puede visitarse a través de dos pantallas táctiles, se puede ver una serie de paneles específicos sobre la rica historia del movimiento ciudadano del distrito y varios objetos de interés, entre otros, la cabeza del Gallo Vallecano que, durante décadas, ha perseguido a los gobernantes de la Comunidad de Madrid y documentos históricos, como los estatutos de la primera asociación legalizada en Madrid, la de Palomeras Bajas o la carta remitida por las entidades vecinales vallecanas a Monseñor Tarancón pidiendo la liberación de varios curas cercanos al movimiento vecinal detenidos en 1975).

Durante el acto, en el que intervinieron el presidente de la FRAVM, Nacho Murgui, el coordinador de la muestra, Francisco Caño, así como Almudena Jiménez, de la AV de Palomeras Bajas, y otros exponentes del movimiento ciudadano del distrito, el grupo de música de cámara La Camarilla interpretó varias piezas.

La muestra “40 años de acción vecinal”, cuyo contenido íntegro puede visitarse en el sitio web www.memoriavecinal.org, es un proyecto conjunto de la FRAVM y la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB) que tiene como objeto recuperar la memoria ciudadana y celebrar una historia muy poco documentada. En 1968, al amparo de la Ley de Asociaciones del régimen franquista, se legalizó la primera asociación. Tal reconocimiento daba cobertura legal a una forma de organización ciudadana que, sorteando las dificultades impuestas por una rígida vigilancia policial, se había extendido en los barrios y municipios de la región. Ilegalizados los partidos políticos y los sindicatos situados fuera de la órbita del régimen, el movimiento vecinal se convirtió en cauce para expresar las demandas populares. Éstas tenían que ver con las precarias condiciones de vida impuestas por un acelerado y caótico proceso de industrialización y por una Administración plegada a intereses especulativos, como con el reconocimiento de los derechos y libertades de ciudadanía y el establecimiento de un régimen democrático. Hoy, 40 años después, no sólo Puente de Vallecas sino toda la región está sembrada de huellas de la labor de las miles de personas anónimas que, durante este tiempo, han trabajado de forma desinteresada por construir una comunidad más habitable y humana. Huellas como parques, viviendas de protección pública, centros culturales, colegios, estaciones de metro, fiestas populares,…que, aunque las veamos a diario, casi siempre desconocemos que detrás de su existencia se halla el empuje de las asociaciones vecinales.

La exposición, que lejos de realizar un ejercicio de nostalgia, persigue poner en valor una historia muy poco conocida con la mirada puesta en el futuro, permanecerá en el centro cultural Paco Rabal hasta el 15 de abril.