En el acto, que tuvo lugar por la tarde, además de la Galcerán, tomaron la palabra el delegado de Salud, Seguridad y Emergencias del Ayuntamiento de Madrid, Javier Barbero, que además era colega y amigo de Montes, así como su esposa, Maribel Teigell. Fueron acompañados por representantes de Ahora Madrid, el PSOE, la Asociación Vecinal Poetas-Dehesa de la Villa, la Coordinadora Salvemos la Dehesa, la Mesa en Defensa de la Sanidad Pública de Madrid-Marea Blanca, la asociación cultural y deportiva Rosa de Luxemburgo y, por supuesto, de la Asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD), de la que Montes era presidente y fundador.

Por fin nuestro querido y admirado vecino, luchador infatigable por la sanidad pública, tiene un lugar que sirve para reconocer su trayectoria. Su pérdida seguirá siendo un dolor profundo y sus valores difíciles de superar”, sostuvo antes del acto de inauguración Ángel Cuéllar, presidente de la citada asociación vecinal del barrio de Valdezarza.

El sencillo homenaje finalizó con la interpretación en violoncelo de El cant dels ocells a cargo de Helena San Juan, vocal vecina de Moncloa-Aravaca.

Tras el fallecimiento de Montes, médico que siempre estuvo muy vinculado al movimiento vecinal (llegó a ser secretario de la FRAVM), el Pleno del Ayuntamiento de Madrid aprobó nombrar una calle en su memoria. Posteriormente, el pleno de Moncloa-Aravaca, con los votos a favor de Ahora Madrid y PSOE, la abstención de Cs y el voto en contra del PP, solicitó que ese espacio estuviera ubicado en el distrito, lugar en el que residió. Finalmente, en noviembre de 2018 la Junta de Gobierno de Madrid aprobó dedicar la citada glorieta de Valdezarza al médico anestesista en reconocimiento a su “dilatado servicio y dedicación a los pacientes, su defensa de la sanidad pública y su lucha por el derecho a morir de forma digna”.

La vida de Luis Montes estuvo atravesada por la valentía, el compromiso y la coherencia. Una coherencia que le llevó a ser víctima de una miserable campaña de desprestigio por parte del Gobierno de la Comunidad de Madrid que, a través de su ex consejero de Sanidad, Manuel Lamela, le acusó de realizar sedaciones masivas a enfermos terminales sin consentimiento de sus familiares cuando el médico ocupaba el puesto de jefe de Urgencias del hospital Severo Ochoa de Leganés. Los tribunales confirmaron que estos extremos no fueron más que un bulo y en 2008 archivaron el caso, pero la operación de los políticos del PP dañó la imagen de una persona que luchó durante toda su vida por defender la calidad de la sanidad pública.

En aquellos años las asociaciones vecinales y todo el pueblo de Leganés defendieron con uñas y dientes a su querido doctor, un profesional pionero en fomentar planes de salud comunitaria y, desde luego, en defender el derecho a morir con dignidad, libremente y sin dolor. Gracias a este compromiso, que en los últimos años desarrolló como presidente de DMD, se ha normalizado en nuestro país el debate sobre la eutanasia, todo un tabú hasta hace bien poco.

Imagen: Ayuntamiento de Madrid