Han hecho falta decenas de actos para lograrlo. Manifestaciones en la calle, recogidas de firmas, asambleas informativas, reuniones con las administraciones, comparecencias en medios de comunicación…pero por fin, esta semana el conflicto que han mantenido vecinos y religiosos parece llegar a su fin. Por eso, sus principales protagonistas, la asociación vecinal de Comillas y la Plataforma de Opañel, se muestran hoy enormemente satisfechas tras conocer el acuerdo rubricado el pasado miércoles.

El convenio firmado entre los representantes municipales y los de la Iglesia incluye la reparcelación de los 6.200 metros cuadrados situados entre las calles de Santa María Labouré, Eusebio Morán, Arroyo Opañel y Mercedes Domingo y el compromiso de que la parroquia no construirá ningún equipamiento funerario en su parcela, tal y como pretendía inicialmente. Además, define los 2.400 metros cuadrados de propiedad municipal, una parcela que el Ayuntamiento usará para construir algún equipamiento público.

“Se inicia ahora una etapa para reclamar a la junta municipal la construcción de una biblioteca pública, que los vecinos y vecinas de Opañel decidieron en consulta pública, desestimándose por las insuficientes dimensiones de la parcela una piscina climatizada”, indica Elena Sigüenza, portavoz de la Asociación Vecinal de Comillas.

Recordemos que la congregación Camino Neocatecumenal (institución católica más conocida como los Kikos), propietaria de la parroquia Santa Catalina Labouré, tras conseguir una parcela aneja al edificio gracias a una permuta con el Ayuntamiento, proyectaba construir en ella un jardín, salones parroquiales, una capilla con una cripta con capacidad para 230 nichos y un aparcamiento subterráneo de dos plantas.

Tras varias manifestaciones y la recogida de más de 6.000 firmas de otros tantos vecinos la plataforma ciudadana logró que la iglesia desistiera de construir la cripta y que el Ayuntamiento tratase de recuperar la parte de la parcela calificada como zona verde, que representaba dos tercios del total que la iglesia iba a ocupar. Con el acuerdo del miércoles, los kikos renuncian definitivamente a levantar cualquier elemento funerario y el Consistorio dispone del terreno suficiente para poner en marcha una dotación pública realmente necesaria para este barrio de Carabanchel Bajo.