Más de 13.000 personas “armadas” con cubos, baldes, botellas y pistolas de agua inundaron en la tarde de ayer las calles de Vallecas bajo el lema “Mójate y que les den…” en la 29ª edición de la Batalla Naval, una fiesta popular que nació a principios de los años ochenta para reivindicar una Vallecas independiente y con puerto de mar.

Convencida de que “tenemos más motivos que nunca para pensar en la utopía” frente a los “ agoreros, pesimistas, especuladores, tiburones en busca de carnaza, oportunistas, ventajistas, carroñeros de lo social…”, responsables de los “recortes sociales y los golpes al estado del bienestar” aprobados “en nombre del equilibrio presupuestario” este año la Cofradía Marinera animó a los vallecanos –residentes o “adoptivos” por un día- a “gritar a los cuatro vientos que otro mundo es posible, que otro modelo económico es posible y que les den a aquellos que se arrodillan ante mercados y especuladores”.

Como todos los años, la fiesta comenzó en la plaza Vieja, donde cofrades y piratas dieron buena cuenta de una suculenta paella. Siguió a la comida la lectura del pregón a cargo del director de Tele K, Paco Pérez, nombrado presidente de honor. Pérez “si hoy regresase después de una larga odisea a esta Ítaca insurrecta en medio de La Mancha (…) sería más soñador, practicaría la utopía diaria. Volverían los cines de verano y a la luz de la luna haríamos casas bajas. Inventaría un tranvía que ascendiera a Fontarrón y otro a Palomeras Altas. Sería más rebelde. Combatiría los malos gobiernos de una nación en estado, de un Estado en rebajas y un pueblo recortado”.

Miles de personas hicieron de este espíritu bandera y se lanzaron a las calles de Vallecas hasta llegar a Payaso Fofó, donde cuatro camiones cisterna repartieron 64.000 litros de agua entre los miles de sedientos “piratas” para quienes el agua lanzada por las vecinas y vecinos desde balcones y ventanas no había resultado suficiente.

Tras dar cumplida cuenta del “arsenal”, algunos cofrades -los más pequeños y los menos jóvenes- se batieron en ordenada retirada a sus respectivas casas. El resto continuó la fiesta sacudiéndose el frío en alguno de los conciertos y admirando los fuegos artificiales desde el Parque de Las Tetas, la atalaya desde la que Vallecas ‘domina’ al resto de Madrid.