El 6 de julio de 2007 el Ayuntamiento de Madrid anunciaba el cierre al tráfico en la Casa de Campo, salvo en los accesos al parque de atracciones, al zoo, al lago, a los restaurantes y a las instalaciones deportivas para preservar, así, de la contaminación este ‘pulmón verde’ de la capital y dar satisfacción a una ‘reivindicación histórica’ de los vecinos.

A día de hoy, por tanto, este “emblemático parque” debería ser, como augurara entonces el Consistorio, “más verde que nunca”. Basta, sin embargo, dar un paseo por las zonas que aún permanecen abiertas al tráfico para comprobar el lamentable estado de conservación de las áreas aledañas. “No existe ningún tipo de protección para el arbolado situado en los márgenes de las carreteras de acceso al Zoo, al Parque de Atracciones y al lago”, lamenta Manuel Dorado, de la AV Unión Casa de Campo-Batán. “Se permite el aparcamiento de automóviles en cualquier lugar del parque: contra los árboles, sobre los senderos y en los accesos peatonales. Esta invasión daña gravemente las cortezas de los árboles y compacta el suelo, poniendo el peligro la supervivencia de ejemplares de gran porte. Los coches aparcados en los arcenes obligan, además, al paseante a invadir la calzada para continuar su camino, con el consiguiente riesgo de atropello”.

El pasado 7 de octubre la asociación vecinal hizo llegar esta denuncia al alcalde, Alberto Ruiz Gallardón, a la concejala de Medio Ambiente, Ana Botella, al director general de Patrimonio Verde, Federico Sepúlveda y a Rafael Morán Llanes, subdirector general de Circulación y Planificación de Infraestructuras de Movilidad pero “no han tomado ninguna medida”. La solución, apunta Dorado, es tan sencilla como “colocar rollizos o bolardos en las carreteras que actualmente permanecen abiertas al tráfico para evitar que los coches puedan aparcar en las cunetas y en las zonas verdes, fuera de los aparcamientos del Zoo, el parque de Atracciones y el lago”.