Su delegada y vicealcaldesa de la capital, Begoña Villacís, junto a los concejales presidentes de estos cuatro distritos, trasladarán a las y los representantes vecinales las condiciones en las que el Ayuntamiento tiene previsto permitir la reapertura de las terrazas en la ciudad. Lo hará tras haber atendido a las asociaciones de hosteleros y, supuestamente, haber aceptado parte de sus propuestas.

Este hecho ha causado cierto malestar en los colectivos vecinales, que reclaman tener, como mínimo, un trato equivalente, es decir, ser recibidos y escuchados antes de acordar medidas que afectan directamente a sus vecindades. Ojalá se equivoquen, pero temen que, como ha sucedido otras veces, la videoreunión de esta tarde solo sirva para recoger información de un plan ya elaborado y procesado, gestado al margen de ellos. ¿Por qué el Consistorio no ha convocado para abordar esta cuestión la antigua Mesa del Ocio, un espacio de concertación en el que se sentaban las asociaciones de hosteleros y la FRAVM?

Aún así, esperan que el Gobierno local comprenda sus temores y atienda sus propuestas, destinadas a garantizar la seguridad sanitaria y vial de las y los viandantes y el derecho al descanso de las personas residentes. ¿Esto es compatible con la reactivación de la hostelería? Por supuesto que sí.

Las asociaciones vecinales estamos deseando que en nuestros barrios se retome la actividad económica y comercial, lo que incluye los negocios de hostelería, que están siendo especialmente golpeados por la crisis económica derivada de la pandemia del Covid-19. Pero su reapertura no puede producirse a costa de la salud y la tranquilidad del vecindario.

Por ello, en los últimos días tanto la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM) como los colectivos federados de los distritos aludidos y de otros como Fuencarral-El Pardo, y la también federada asociación de viandantes A Pie, han hecho público su rechazo a la proposición de los hosteleros de ampliar el espacio de las terrazas y reducir la distancia mínima con el peatón hasta 1,5 metros, una medida absolutamente incoherente con las recomendaciones sanitarias de distancia física de la población. La actual ordenanza municipal, que junto a las anteriores ordenanzas ha permitido que las terrazas proliferen como setas en la almendra central, provocando una invasión del espacio público que a su vez genera problemas de convivencia y movilidad, establece una distancia mínima de paso en las aceras de 2,5 metros.

Las asociaciones vecinales, especialmente en estos momentos de desescalada, consideramos que ese espacio debería ser de al menos 3 metros, que es la anchura mínima que permite el tránsito seguro de viandantes, en virtud de las actuales directrices de Sanidad. De hecho, independientemente de las terrazas, la FRAVM y A PIE han solicitado al Consistorio la ampliación temporal de aceras y el cierre total o parcial de calzadas para garantizar la seguridad vírica y vial de viandantes y deportistas.

Algunas asociaciones de hosteleros han propuesto también prolongar el horario de apertura de las terrazas, algo que choca con el interés de las vecindades, especialmente en los barrios que sufren una especial saturación. En principio, según el Gobierno central y si todo transcurre según lo previsto, a partir del 11 de mayo los locales podrán abrir el 50% de sus terrazas, lo que supone 2.587 mesas legales en Centro, que aparece como el distrito más afectado, por delante de Chamartín (2.342 mesas), Chamberí (2.227 mesas), Arganzuela (1.797) y Fuencarral (1.691). Retiro se sitúa en el puesto número ocho de la ciudad, con 1.322 mesas de terraza, insistimos, legales o declaradas. Quedan fuera las centenares de mesas que se colocan y no se declaran.

En el periodo extraordinario que vivimos, que nos obliga a permanecer más horas que nunca en nuestros domicilios, no parece muy buena idea ampliar el horario de unas terrazas que, por muchas medidas correctivas que se adopten, siempre generan exceso de ruido y otras molestias que afectan al descanso y, por ende, a la convivencia en nuestros barrios. La reactivación económica de la ciudad no puede hacerse a costa de la salud de sus vecinas y vecinos.

Y mucho menos, en lugares que, por derecho propio, han sido declarados Zonas de Protección Acústica Especial (ZPAE). De la misma forma que a nadie se le ocurriría autorizar una industria de gases contaminantes en una zona de bajas emisiones, no se puede hacer más ruido en una ZPAE.

Por otro lado, respecto a la idea de sacar barras de bares a la calle, los colectivos ciudadanos entienden que va en contra de las más básicas medidas de distanciamiento social. No en vano, el alcohol induce a la relajación de las conductas y produce aglomeraciones de gente en lugares específicos. Acciones temerarias para tratar de salvar la hostelería nos pueden llevar a un nuevo confinamiento, que impacta negativamente en todas las actividades económicas.
Las entidades vecinales tampoco están de acuerdo con peatonalizar calles si esto se hace para ganar espacio de terrazas. De nuevo, esto produce congregación de gente en el espacio e incrementa el riesgo de contagio. Y, por el mismo motivo, rechazan que se ocupen las bandas de aparcamiento para las terrazas, salvo en barrios que disponen de muchos carriles en la calzada para el tráfico rodado.

Esperamos que el Ayuntamiento sea receptivo y sensible a las demandas vecinales y busque conciliar, de manera adecuada, el ocio y el negocio de nuestros hosteleros con el derecho al descanso y a una movilidad segura de los ciudadanos y ciudadanas.