Además, solicitan a las administraciones más recursos en prevención y nuevos planes de intervención con jóvenes en situación de riesgo, iniciativas en las ofrecer alternativas de ocio y de vida a partir de la participación y el compromiso de las y los propios jóvenes.

Estas entidades realizan esta demanda avaladas por una dilatada experiencia de trabajo con chicas y chicos y grupos en riesgo de exclusión. Desde hace dos años, las tres impulsan en la capital un exitoso proyecto, El Barrio Más Joven, que utiliza el fomento de la participación juvenil y del ocio saludable como herramienta para realizar un trabajo de prevención en diferentes materias: conductas adictivas con y sin sustancias, prácticas sexuales de riesgo, desarrollo de actitudes racistas, machistas y homófobas y también de actitudes violentas y/o delincuenciales.

En su trabajo cotidiano, las y los dinamizadores juveniles de este proyecto, que financia el Ayuntamiento de Madrid a través del Área de Gobierno de Vicealcaldía, han tenido y tienen contacto con jóvenes de barrios desfavorecidos, algunos de los cuales a su vez han tenido o tienen contacto con chavales de bandas violentas. “Muchos de los chicos que llegan a estos grupos violentos no piensan “me voy a unir a tal o cual banda”, sino que simplemente bajan al parque o a las canchas del barrio y se relacionan con sus iguales. La mayoría son chavales que se acercan a estos grupos sin saber realmente en lo que se están metiendo. La cuestión es que una vez dentro de la banda, una vez arropados por el grupo, es muy difícil recular, es muy difícil pedirle a uno de estos chavales que salga de la red de apoyo que suponen estos grupos sin darle otra alternativa”, sostiene Gonzalo Gárate, coordinador de El Barrio Más Joven, en un análisis realizado como consecuencia de los sucesos de los últimos días que con el título Barrios, bandas, jóvenes y sentimiento de pertenencia ha sido publicado en la web de este proyecto.

Y ahí está la clave, en la falta de alternativas de chavales que hemos permitido que crezcan en entornos desfavorecidos, en barrios alejados del centro (socioeconómico y cultural). No podemos mirar hacia otro lado y después llevarnos las manos a la cabeza y pedir mano dura y más presencia policial, sin más. Las bandas violentas llevan presentes en Madrid alrededor de veinte años y no parece que el abordaje hegemónico del problema, el meramente punitivo y policial, haya logrado solucionarlo. De ahí la urgencia de abordar otros enfoques.

“En base a nuestra experiencia, podemos decir que muchos de los chicos y chicas que terminan formando parte de bandas sufren una discriminación múltiple (por etnia, clase social, desventajas educativas, económicas y sociales, problemas socio familiares, pobreza, exclusión, etc) que evidentemente deriva en una falta de oportunidades, falta de expectativas laborales, carencias en su autoestima, provocando que estas y estos jóvenes se encuentren en riesgo de caer en conductas antisociales o violentas o en el consumo de sustancias peligrosas”, asegura Gárate. Y en la banda encuentran un espacio de reconocimiento, protección, sentimiento de pertenencia, estatus y acceso a dinero y otros recursos.

Por eso es tan importante trabajar la prevención en la infancia y armar, con los propios chavales y chavalas, alternativas de ocio. Pero no solo. “Son necesarios programas integrales que combatan la desigualdad, con medidas de apoyo familiar (centros de día para la atención del menor a la salida del colegio, políticas de rentas familiares, políticas de vivienda social…), intervención comunitaria en el barrio y en la escuela, fomento de habilidades sociales, educación en valores pro-sociales, y en hábitos saludables. La integración de estos niños y jóvenes beneficia a la sociedad en su conjunto. No debe verse como un gasto, sino como una inversión”, subrayan la FRAVM, INJUCAM y Scouts Madrid.

Finalmente, estos colectivos vecinales y juveniles reclaman más proyectos como el modesto El Barrio Más Joven, iniciativas que generen alternativas al “estar en la calle”, que impulsen “espacios en los que los jóvenes puedan desarrollar sus inquietudes, espacios de los que se sientan parte, que se sientan parte de su barrio, de una asociación, de un club deportivo, de un grupo scout, de un centro juvenil y que estas estructuras sean sostenibles, es decir, perdurables en el tiempo”.

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– Enlace al análisis Barrios, bandas, jóvenes y sentimiento de pertenencia