El incremento de la presión acústica provocada por la puesta en marcha, hace dos meses, de la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas ha puesto en pie de guerra a las asociaciones de vecinos y representantes de los Ayuntamientos de los municipios afectados. Las conclusiones acerca de las consecuencias de la nueva infraestructura fueron unánimes: el ruido ha aumentado notablemente y los sobrevuelos se han multiplicado. Según los portavoces del encuentro, la ampliación del aeropuerto ha respondido a la operatividad del Gran Barajas, sin contar en ningún momento con las declaraciones medioambientales y, mucho menos, con los intereses de la población de los barrios y poblaciones circundantes que, se calcula, asciende a 800.000 vecinos.

Pero esto no es todo: está previsto que a partir del mes de octubre próximo el número de despegues y aterrizajes y, en consecuencia, el ruido provocado, se duplique, de manera que los asistentes acordaron reivindicar una batería de medidas que en breve trasladarán al ministerio de Fomento en un encuentro aún sin fechar: el cierre nocturno del aeropuerto, la insonorización de las viviendas incluidas en la huella sonora, el nuevo diseño de las rutas o la aprobación definitiva de un reglamento sancionador que disuada a los pilotos a volar por rutas establecidas, entre otras.

Por de pronto, los asistentes a la reunión tienen una nueva cita en sus agendas: la manifestación que tendrá lugar el próximo 22 de abril con ocasión del Día Internacional de la Tierra que este año reivindica la reducción de emisión de gases de efecto invernadero, la principal causa del cambio climático.