A pesar de la suspensión de la cumbre de ministros de Vivienda de la Unión Europea, prevista para los pasados 14 y 15 de octubre en Barcelona varias organizaciones, entre ellas la FRAVM, siguieron adelante con los planes previstos: una bicicletada para denunciar que el problema de la vivienda “no es una maldición, sino un problema político en cuya raíz se sitúan decisiones políticas que toman quienes tienen el poder de tomarlas y que han convertido la vivienda en objeto privilegiado de negocio”.

A pesar de la implacable lluvia, medio centenar de ciclistas –muchos de los cuales iban ataviados con el ya clásico disfraz de presidiario que identifica a los miembros de la cooperativa COVIJO- se dieron cita en la sede del ministerio de Vivienda acompañados por un camión equipado con un equipo de sonido. Varios miembros de la organización se encargaron de ponerle “banda sonora” a la bicicletada, a la que se iba sumando gente a lo largo del recorrido y a “radiar” algunas de las consignas más coreadas: ¡Que pasa, que pasa, que no tenemos casa! ¡Se nota se siente, vivimos bajo un puente! ¡Gente sin casas, casas sin gente! ¡Esta noche, lo hacemos en el coche!

En torno a las 20.45h. los ciclistas llegaron a la Puerta del Sol, donde fueron recibidos con aplausos por centenares de jóvenes –y no tan jóvenes- que les esperaban bailaban al ritmo de la música de Bloco de Baliza. Allí, una de las cooperativistas de COVIJO se hizo con el micrófono para leer el manifiesto redactado por las organizaciones convocantes (FRAVM, el sindicato CGT, la cooperativa COVIJO, el Sindicato Joven de CCOO, Ecologistas en Acción, el Foro Social de Alcorcón, Jóvenes de IU, la Plataforma por una Vivienda Digna, Vecinos del Sureste y el PCM). Denunciaron “la responsabilidad política de quienes, con sus decisiones, sitúan el negocio inmobiliario por delante del derecho al alojamiento, el derecho a la ciudad y el derecho a un entorno natural: la lógica interna del mercado es incompatible con el principio social del derecho al alojamiento”. Señalaron asimismo, “la especulación depredadora de nuestro entorno urbano y natural y de nuestras condiciones de vida. La que nos condena a trabajar media vida para llenar los bolsillos de lo grandes promotores inmobiliarios (la banca, las grandes constructoras y otras influyentes instituciones)”.

Por todo ello, exigieron “a los poderes públicos y a las instituciones, que se ponga en marcha una verdadera política de alojamiento, que dejen de hacer enjuagues de imagen y pomposas declaraciones de intenciones. Que tomen de una vez, medidas concretas que garanticen el derecho al alojamiento y que hagan frente a la especulación y al urbanismo depredador”, como el incremento sustancial del parque de vivienda pública en régimen de alquiler, con rentas adecuadas a los diferentes niveles de ingresos, promoviendo el cooperativismo de gestión y la vivienda ecológica; la expropiación por incumplimiento de la función social de la propiedad y de los edificios ruinosos y en mal estado; la recuperación del parque inmobiliario deteriorado manteniendo los usos residenciales; la penalización de la vivienda vacía; medidas drásticas contra la corrupción urbanística y el fraude; la dignificación de la vivienda protegida; atender específicamente las necesidades de vivienda de la población inmigrante para evitar los abusos, el hacinamiento y la proliferación de guetos y la necesidad de acompañar la promoción de nuevas viviendas y la rehabilitación de las viviendas deterioradas la ejecución de los equipamientos necesarios para atender las necesidades de la población”.

Tras la lectura del manifiesto, los asistentes hicieron explotar la burbuja inmobiliaria (500 globos amarillos repartidos previamente) y rompieron a gritar ¡Espe-Espe, especulación!

La concentración se dio por finalizada después de un concierto de Amparo (Amparanoia).