Estos días, en el marco de la Semana Europea de la Movilidad, numerosas asociaciones vecinales de la región se han volcado en el impulso, organización o apoyo de marchas ciclistas, talleres infantiles, cortes de calles y carreteras para disfrute peatonal y otras actividades destinadas a fomentar una movilidad sostenible. Por poner solo dos ejemplos, el pasado domingo, como hacen cada año desde hace más de una década, las entidades ciudadanas del Norte de la capital y la AV la Nueva Elipa de Ciudad Lineal organizaron sendas marchas ciclistas para fomentar el uso de la bicicleta en sus distritos.Desde su constitución, en 1979, el espacio que las une, la FRAVM, ha defendido en la calle y ante las administraciones un modelo de transporte y movilidad que pone al vecindario y al peatón en el centro.Detrás de la llegada del suburbano o del servicio municipal de autobuses a centenares de barrios; de la instalación en ellos de badenes, pasos de cebra, semáforos y otros elementos que restringen la velocidad del tráfico a motor; de la peatonalización de algunas calles o de la incorporación de la bicicleta a nuestra vida cotidiana, se halla el empuje del movimiento vecinal.

Como reconocimiento a esta trayectoria “en defensa del derecho a una movilidad sostenible y equitativa de los vecinos de Madrid”, esta mañana la delegada de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid ha entregado a Enrique Villalobos, presidente dela FRAVM, el premio Muévete Verde 2016 en la categoría de “implicación ciudadana:comunidades de vecinos y asociaciones”. Villalobos, además de agradecer al Consistorio que haya puesto en valor con esta distinción los “40 años de trabajo de las asociaciones vecinales en la defensa de una movilidad sostenible -algo que ha contribuido a evitar que hoy Madrid sea una inmensa nube de humo negro-”, ha dedicado el galardón a Paco Caño, expresidente y exresponsable de Medio Ambiente de la FRAVM y auténtico referente del movimiento ciudadano en materia de movilidad, que falleció el pasado mes de abril. “Paco fue uno de los impulsores de la Mesa de la Movilidad pero, sobre todo, trabajó sin descanso con el objetivo de construir una ciudad más habitable, más humana y sostenible”, ha indicado el representante de las asociaciones vecinales.

Las distinciones Muévete Verde, que hoy cumplen su décima edición, tienen como objetivo reconocer y poner en valor iniciativas y buenas prácticas que supongan un beneficio para la movilidad en la capital, una ciudad que, a pesar de los importantes avances de los últimos años, sigue siendo muy hostil al peatón, al ciclista y, mucho más aún, a las personas con movilidad reducida.

La FRAVM reconoce que Madrid es hoy una ciudad mucho más humana en términos de movilidad que hace unos años y que el Consistorio camina por la senda adecuada. Hechos como la implantación de las Áreas de Prioridad Residencial (APR)en lugares como Embajadores, Letras y Ópera, la extensión de la red de Metro y del servicio dela EMT a nuevos barrios, la reducción de barreras arquitectónicas en decenas de calles, bloques de viviendas y edificios públicos, el incremento de los kilómetros de carril bici y de las vías ciclables, el desarrollo del BiciMAD o de propuestas novedosas como el Car2Go, el fomento de los vehículos eléctricos, la peatonalización de algunas calles o las aún tímidas restricciones al uso del coche en la almendra central marcan un camino que esperemos no tenga vuelta atrás.

Más ambición y valentía

Sin embargo, nos hallamos aún muy lejos de ciudades como las del centro y norte de Europa, auténticos referentes en materia de movilidad. Por eso, son necesarias medidas más ambiciosas, valientes y contundentes, que contribuyan a hacer de nuestros barrios y ciudades lugares más saludables y agradables para trabajar, desplazarse y residir. En ello nos va nuestra propia salud y la de nuestros hijos y nietos.

Medidas como la extensión, lo antes posible, de las APR a la totalidad del centro urbano, lo que incluye barrios como La Latina, Malasaña o Chueca, que a diario soportan una gran afluencia de tráfico debido a su actividad comercial y turística; o la conversión de autovías urbanas como la salida de la A-5, auténtica aberración propia de otras épocas, en avenidas con espacio para la bicicleta y el peatón. Son necesarios más aparcamientos disuasorios fuera del perímetro de la M-40 vinculados a los puntos de intercambio modal, más restricciones permanentes ( y no solo ante episodios graves de contaminación atmosférica) al uso del vehículo privado a motor en la almendra central, así como una mayor apuesta por la bicicleta y los modos blandos de transporte, algo que tienen derecho a disfrutar también los barrios periféricos. La extensión de un sistema de alquiler público de bicicletas más allá de la M-30 se ha convertido en un clamor en esas zonas.

Desde su origen, la FRAVM ha peleado por llevar a todos los rincones de la región un transporte público eficiente, barato y de calidad. En la capital aún hay barrios que carecen de Metro o de un servicio de la EMT adecuado, un déficit -a corregir- especialmente acusado en nuevos desarrollos urbanísticos como Valdebebas, Sanchinarro, Las Tablas o el Ensanche de Vallecas. En este marco, recordamos la vieja reclamación de las asociaciones vecinales de construir una segunda línea circular de Metro exterior a la L-6, que serviría para mejorar las conexiones de los territorios del entorno de la M-40 entre sí y con el centro. Respecto al precio de los abonos del transporte público, la FRAVM sigue considerándolos elevados y se felicita por la aprobación, la semana pasada en la Asamblea de Madrid, de una Proposición No de Ley destinada a implantar para 2017 un abono social para desempleados de larga duración y personas en riesgo de exclusión social.

Aunque se han producido numerosos avances en este campo, la capital sigue siendo una ciudad durísima para las personas con movilidad reducida. Sin duda, la apuesta de la Administración para reducir barreras arquitectónicas debe ser mucho más ambiciosa, con la aplicación de medidas como la instalación de ascensores y escaleras mecánicas en la totalidad de estaciones de Metro o la reducción en nuestras calles y aceras de chirimbolos, pantallas de publicidad y demás elementos de mobiliario urbano que dificultan la movilidad. Capítulo aparte merece el problema ocasionado por la proliferación sin control de las terrazas de locales de hostelería, un fenómeno muy acusado en el centro, que no solo supone una pérdida del espacio público en detrimento del peatón sino que origina otras molestias a los residentes como excesos de ruido y suciedad.

Las medidas anteriores se enmarcan en un modelo de movilidad sostenible basado en el transporte público, los desplazamientos a pie y en bicicleta como gran contribución al ahorro energético, la lucha contra el calentamiento global y la reducción de la contaminación acústica y atmosférica.