El colegio Tirso de Molina es un centro diseñado y construido en 2004/05 para escolarizar tres clases de infantil en cada nuevo año escolar. Ante la creciente demanda del barrio, la Administración amplió en 2009 el edificio de infantil para que cupieran cuatro clases nuevas cada año. Se pasó así de 9 aulas para los tres cursos de educación infantil a 12. Pero la ampliación no fue suficiente para absorber la demanda. En el curso 2015/16 obligaron al colegio a admitir 5 aulas de infantil, en el curso 2016/17 fueron 4 y para el curso 2017/18 han vuelto a imponer la matriculación de 5 aulas más. En total, el próximo curso va a haber 14 clases de educación infantil y 12 aulas habilitadas en el edificio para esa etapa. ¿Qué va a pasar con los 52 niños para los que no hay aulas?

Una solución de la Administración consiste en eliminar espacios comunes, y así un grupo ocupará el aula de Psicomotricidad del edificio de infantil. La actividad física, tan necesaria en esta etapa, dejará de tener un sitio propio. La segunda solución será ubicar al otro grupo de infantil en el edificio de educación primaria. De esta forma, alumnos muy pequeños, que requieren de una atención constante, serán desplazados varias veces al día de una punta a otra del colegio para llevarles al patio de infantil, al comedor, etc.

El problema es que el edificio de primaria tampoco puede dar cabida a los 21 grupos de esta etapa que se han ido creando con la política educativa descrita. Así que el próximo curso cuatro clases de primaria se trasladan al edificio de la ESO, situado al otro lado de una calle con mucho tráfico. Esto implica dos riesgos. El primero consiste en que niños y niñas de 11 años comparten instalaciones con alumnos de 13 a 16 años. El segundo estriba en que el alumnado tiene que cruzar una calle sin semáforo varias veces al día.

El aulario de la ESO, pensado como una solución temporal mientras se construía el nuevo instituto de Arganzuela, está al borde de su capacidad. El próximo curso va a haber 10 aulas de ESO y 330 alumnos de ese nivel.

El elevado número de alumnos implica la desaparición de espacios comunes también en primaria y secundaria. En el edificio de primaria, se suprimirán aseos de ese nivel para adaptarlos a las necesidades de educación infantil. En el edificio de la ESO se va a tabicar el aula de Tecnología y Robótica, para convertirla en dos aulas para alumnos de primaria.

Espacios comunes como el gimnasio, la sala de informática, el salón de actos, los patios o el comedor están saturados. Se construyeron pensando en dar servicio a 3 aulas por curso, unos 675 alumnos (27 aulas, 9 de infantil y 18 de primaria) (ver imagen 2), y en la actualidad han de acoger 200 alumnos más (35 aulas, 14 de infantil y 21 de primaria). Además, la ratio o máximo número de alumnos por clase se ha ido incrementando en los últimos años.

Por otro lado, algunos de los espacios comunes como el comedor son utilizados diariamente por el alumnado de la ESO. Debido al elevado número de usuarios (820 alumnos todos los días), el comedor ha tenido que implantar tres turnos de comida.

Ante esta situación, las entidades que organizaron el acto del viernes realizan las siguientes peticiones:

  • En primer lugar, que se dote a la etapa de educación infantil de dos profesores de apoyo por cada curso como ayuda en la labor docente. Una mayor dotación de profesorado de apoyo se justifica por las siguientes razones: el excesivo número de grupos de educación infantil; la necesidad de desplazar a un grupo de esta etapa del edificio de primaria a infantil diariamente; y el elevado volumen de alumnado con Necesidades Educativas Especiales, es decir, que requieren una atención individualizada por sus dificultades para el aprendizaje. Además, sin una dotación adecuada de profesorado de apoyo es peligroso realizar las excursiones y visitas previstas en los contenidos educativos de la etapa.
  • En segundo lugar, hace falta instalar un semáforo que permita cruzar de forma segura la carretera que separa los edificios del centro escolar. El colegio lleva varios años pidiéndolo. Es necesario también que las obras de conversión de espacios comunes se realicen a la mayor brevedad posible, antes de que comience el curso.
  • En tercer lugar, debe construirse ya un nuevo instituto de Arganzuela. A día de hoy las obras de prometido centro no han comenzado y el presupuesto previsto, 500.000 euros, es claramente insuficiente, habida cuenta de que un centro de menor capacidad como el colegio Tirso de Molina ya costó en su momento 5,2 millones de euros (ver imagen 1 y 2).

Este instituto tendrá su cupo completo nada más comenzar. Los grupos de sexto de primaria de los dos colegios de la zona, Plácido Domingo y Tirso de Molina, son suficientes para ocupar todas las nuevas plazas previstas. Por esta razón, reivindicamos que las administraciones comiencen a planificar ya otro segundo instituto en la zona. Por último, los barrios de Delicias y Legazpi van a necesitar nuevos colegios de primaria en los próximos años. Los colegios existentes están sobresaturados y no pueden asumir nuevos incrementos de aulas ni nuevos aumentos de ratios.

En el futuro, la situación va a empeorar porque la zona sigue creciendo. Los datos del Padrón de Habitantes, que reflejan solo los niños que ya viven en el distrito, apuntan ahora mismo que en el curso 2018/2019 habrá en los barrios de Legazpi y Arganzuela 612 niños de tres años, una cifra algo mayor que los 603 niños del curso 2017/18. Sin embargo, como se están construyendo centenares de nuevos pisos, la demanda va a ser muy superior.

Ante la posible falta de parcelas en la zona, recordamos que los únicos terrenos dotacionales con los que cuenta el distrito para construir centros educativos son las parcelas de ADIF junto a la estación de las Delicias. Por ello pedimos a las diferentes administraciones que procedan a dar a esos terrenos el uso para el que están previstos.