Como la empresa mantiene la misma frecuencia de paso, con cinco trenes en hora punta y cuatro en hora valle, la consecuencia es clara: mayores aglomeraciones, que van en contra de la distancia recomendable de seguridad para evitar contagios en el transporte público.

Por otro lado, la desaparición de las rampas para sillas de ruedas ocasionará un grave perjuicio al colectivo con dificultades de movilidad, como es el caso de los alumnos y alumnas que acuden a diario al Centro Público de Educación Especial María Soriano, en la Avenida de La Peseta.

“Al parecer este cambio supone un nuevo agravio comparativo entre barrios de distinta condición social, ya que los trenes que quitan de la Línea 11, que conecta barrios del sur, se los llevan a la línea 10b, la que pasa por La Moraleja y los nuevos núcleos empresariales”, sostiene la entidad vecinal, antes de continuar: “parece que la Línea 11 estuviera gafada; lo que no nos cabe duda es que está abandonada por la Comunidad de Madrid, ya que varios de sus gobiernos dejaron a medias su construcción y desarrollo, como ahora mismo ha vuelto a suceder con la paralización del proyecto de ampliación de la línea hasta Conde de Casal”.

“No lo vamos a consentir, y así lo haremos saber al consejero de Transportes, Ángel Garrido, en una reunión que hemos solicitado se celebre a la mayor brevedad para tratar estos asuntos”, concluye la asociación vecinal.