En 1980, tras años de batalla, las gentes de Moratalaz, con la asociación vecinal Avance a la cabeza, consiguen una ansiada victoria: la apertura de la primera estación de Metro. Hicieron falta numerosas manifestaciones, recogidas de firmas y todo tipo de actos para lograrlo. Los mismos que fueron necesarios para conquistar el parque de la Cuña Verde de O’Donnell o para rehabilitar los bloques de viviendas de los barrios II, III y VI. Fotografías de estas tres luchas ciudadanas, junto a otras como la demanda de más centros sanitarios y un hospital para la zona, la batalla por un instituto, colegios y guarderías públicas, la llegada de más líneas de la EMT y del autobús nocturno o el fomento de viviendas de protección oficial a través de una cooperativa de la asociación vecinal, forman parte de la exposición “40 años de acción vecinal” que se inaugura el miércoles 17 de noviembre a las 19h en el Centro Cultural Chillida de Moratalaz. El acto contará con la presencia del actual presidente de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM), Nacho Murgui, así como del que fuera máximo dirigente de la organización durante 17 años y conocido vecino de Moratalaz, Prisciliano Castro. La exposición, tras recalar en el Museo de la Ciudad de Madrid, Coslada, Fuenlabrada, Leganés y los distritos capitalinos de Lavapiés y Moratalaz, puede visitarse en el citado espacio cultural desde el día 17 hasta el 29 de noviembre en horario de 9h a 21h, de lunes a viernes.

La muestra “40 años de acción vecinal”, cuyo contenido íntegro puede visitarse en el sitio web memoriavecinal.org, es un proyecto conjunto de la FRAVM y la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB), y se enmarca en los actos de celebración del 40 aniversario del nacimiento del movimiento vecinal. En 1968, al amparo de la Ley de Asociaciones del régimen franquista, se legalizó en Madrid la primera asociación vecinal. Tal reconocimiento daba cobertura legal a una forma de organización ciudadana que, sorteando las dificultades impuestas por una rígida vigilancia policial, se había extendido en los barrios y municipios de la región. Ilegalizados los partidos políticos y los sindicatos situados fuera de la órbita del régimen, el movimiento vecinal se convirtió en cauce para expresar las demandas populares. Éstas tenían que ver con las precarias condiciones de vida impuestas por un acelerado y caótico proceso de industrialización y por una Administración plegada a intereses especulativos, como con el reconocimiento de los derechos y libertades de ciudadanía y el establecimiento de un régimen democrático. Hoy, 40 años después, la región está sembrada de huellas de la labor de las miles de personas anónimas que, durante este tiempo, han trabajado de forma desinteresada por construir una comunidad más habitable y humana. Las huellas se dejan sentir en zonas verdes salvadas de depredadores proyectos urbanísticos, en la salvaguarda de edificios históricos, en el acceso a viviendas dignas a miles de familias con escasos recursos, en la construcción de colegios, de centros sanitarios, en la recuperación y organización de fiestas populares y en la construcción cotidiana de una democracia participativa que rebosa los cauces establecidos por el modelo representativo, entre otras muchas. 1.200 imágenes esbozan, de manera aún superficial, la trayectoria de este movimiento en Madrid, narrada en 80 “batallas”, elegidas de forma consensuada por las asociaciones vecinales de la FRAVM. Junto a la exposición, la Federación vecinal ha editado un libro-catálogo de 330 páginas que recoge 377 fotografías de la muestra, así como una serie de textos de especialistas y de dirigentes históricos del movimiento vecinal y de otros movimientos que, como el sindical, siempre han mantenido un estrecha relación con las asociaciones vecinales.