En el trayecto, que discurrirá por la calle San Modesto, el puente de La Paz sobre la M-30, la calle Virgen de Aránzazu y finalizará ante el Bar Torres, la asociación vecinal de Begoña, promotora del acto, llevará a cabo diferentes acciones y, con coplas escritas para la ocasión, llorará tan amarga pérdida. Tal vez entonces, piensan sus vecinos, logren conmover el corazón del regidor que habita en el palacio de Cibeles, que sólo parece tener ojos para los opulentos edificios que se levantan junto a las humildes viviendas de este barrio de Fuencarral. “El Ayuntamiento de Madrid sólo arregla el centro y cuando mira para el norte, permite la construcción de las Cuatro Torres, del aparcamiento subterráneo bajo el futuro centro de convenciones y ahora ha aprobado el Proyecto de Prolongación de la Castellana. Pero en todos los casos, nunca tiene en cuenta el estado de los barrios aledaños, como el nuestro, donde nunca llega una reforma, a pesar de que siempre soportamos los efectos negativos de las obras”, asegura el colectivo ciudadano, que está harto de soportar una contaminación acústica y atmosférica de niveles insoportables.

“Nuestro barrio tiene sus calles pegadas a la M-30 y la M-607, once carriles discurriendo frente a nuestras casas por los que circulan coches y ambulancias”, denuncian los vecinos, que señalan la calle San Modesto y la avenida Llano Castellano como lugares especialmente afectados. Aunque sin resultado alguno por el momento, la asociación ha solicitado a la delegada de Medio Ambiente del Ayuntamiento la inclusión de este área como Zona de Acción Prioritaria en el Mapa Estratégico del Ruido municipal, “ya que los niveles de ruido de la M-30 en nuestro barrio son superiores a los que soportan en otras zonas del distrito que ya tienen pantallas acústicas o está previsto que las instalen. Solicitaremos estas medidas u otras que sean más beneficiosas como la insonorización de viviendas”, indica la presidenta del colectivo ciudadano, María Ángeles Sánchez Chamero. Además de las molestias procedentes del tráfico, Begoña sufre altos niveles de ruido por los cercanías que transitan por la vía que discurre paralela a las calles Ángel Múgica y Virgen de Aránzazu. “Los trenes circulan a cualquier hora del día y de la noche y a escasa distancia de los bloques de pisos. Hemos solicitado a ADIF que esta zona sea incluida en su mapa del ruido para tomar medias para evitar o minimizar el ruido pero según sus mediciones no procede actuar. Solicitamos que ADIF incluya esta zona en su plan de acción y que el Ministerio de Fomento apruebe medidas definitivas y su planificación para llevarlas a cabo”, indica la asociación vecinal.

Pero la contaminación acústica no es el único problema que padece el vecindario. “Ahora tenemos numerosos espacios interbloques que están desatendidos y es necesario acometer reformas y elaborar un plan de mejora del barrio”, asegura Sánchez Chamero, antes de repasar las enormes carencias en movilidad de la zona. “Las aceras son estrechas con farolas en medio, con obstáculos, con escaleras empinadas, sin recorridos adaptados para personas con movilidad reducida y con suciedad, con pasos de peatones sin iluminar y dos de ellos peligrosos (centro de mayores y salida del metro), y en general hay baches en el asfalto y en las aceras, estando muchas de ellas levantadas”, afirma.

Ante unos problemas que vienen de lejos y que han sido trasladados a las administraciones en numerosas ocasiones, la asociación exige soluciones y compromisos concretos al Ayuntamiento de Madrid, ADIF y el Ministerio de Fomento: “Los vecinos y vecinas de Begoña hemos presentado nuestras propuestas de mejora del barrio y de sus condiciones de vida en distintas áreas del Ayuntamiento de Madrid. No ha habido respuesta clara y definida aunque los problemas presentados son graves y nunca se ha hecho un planteamiento serio para mejorar esta zona. No queremos ser un barrio viejo y aislado junto a zonas reformadas a nuestro alrededor. ¿Cuándo será la hora del barrio de Begoña?” se pregunta el colectivo ciudadano.