Ir al cine o a los museos andando, estar situado en el nudo donde todas las líneas de transporte público convergen o convivir con algunas de las joyas arquitectónicas que forman parte del casco histórico de la capital son sólo algunas de las ventajas de vivir en el centro. El precio de lo que muchos consideran un lujo tiene, sin embargo, sus contrapartidas. Al ruido, a la contaminación atmosférica y a los problemas de movilidad que padecen los peatones como consecuencia del intenso tráfico que día sí y día también colapsa las calles más cercanas al “kilómetro cero” hay que añadir la llamativa escasez de zonas verdes y una famélica dotación de equipamientos públicos que convierten al centro en una suerte de extensión de los comercios que siembran sus calles.

La suciedad es otra de ellas. “Debido a la cantidad de locales de hostelería y de tiendas que tiene el barrio -apunta Isabel Rodríguez, portavoz de la Asamblea Ciudadana del Barrio de Universidad (ACIBU) los vecinos no pueden dejar sus residuos en el contenedor, sobre todo el vidrio y el cartón’. La asociación vecinal ha denunciado esta situación en innumerables ocasiones tanto a la Junta Municipal de Centro como al Área de Medio Ambiente de Madrid con escaso resultado. Hoy, sin embargo, han pasado de la protesta a la propuesta. “Hemos propuesto al Ayuntamiento de Madrid que ponga en marcha un proyecto piloto de recogida de plástico, cartón y vidrio directamente en las tiendas para tratar de evitar que las islas de contenedores de reciclaje se llenen cada día, lo que genera suciedad y malos olores al dejar los vecinos sus bolsas en el suelo”, explica Rodríguez.

La idea de la entidad vecinal consiste en recoger dos o tres días a la semana la basura de los establecimientos comerciales a unas horas concretas a fin de que los contenedores queden para uso exclusivo de los vecinos, que no pueden depositar sus residuos en los cubos comunitarios toda vez que los edificios residenciales carecen de ellos dada la estrechez de las calles, que imposibilita el paso de los camiones de recogida.

‘Los comerciantes -asegura Rodríguez- están dispuestos a probar, sobre todo porque para ellos resultaría más cómodo no tener que llevar la basura al contenedor sino esperar que la furgoneta pasara a recogerlo a unas horas y unos días determinados por su calle. Si no funcionara, se deberían poner más contenedores o aumentar la frecuencia de la recogida’, concluye.