El próximo domingo 30 de octubre, el aeropuerto de Barajas recibirá por primera vez un avión de la compañía francesa Transavia procedente de Montpellier. La compañía de bajo coste, propiedad del grupo Air France-KLM, inaugurará de esa manera el nuevo servicio que conectará la ciudad del sur de Francia con Madrid dos veces por semana. Y lo hará ante las protestas de organizaciones sociales y ecologistas de ambos lados de los Pirineos, que consideran que esta nueva ruta resulta innecesaria teniendo en cuenta sus impactos (unas 17 toneladas de CO2 por trayecto) y que ya existe un servicio ferroviario directo entre ambas ciudades.

Sin embargo, la operada por Transavia no es la única ruta nueva en la temporada de invierno que comienza el 30 de octubre y se extiende el 25 de marzo de 2023. Según Ecologistas en Acción, en este contexto pospandémico el interés de la aerolíneas por espolear la demanda se ve respaldado por el trato privilegiado al sector por parte de las Administraciones Públicas. Por ello, y en palabras de Pablo Muñoz, portavoz de la organización ecologista, “numerosos operadores han lanzado agresivas campañas invernales enfocadas a aumentar significativamente las rutas y las frecuencias, a menudo en trayectos con clara alternativa terrestre”.

Un ejemplo representativo es el de Iberia, compañía que ha anunciado la reactivación este invierno de “toda su operativa en el Puente Aéreo Madrid-Barcelona anterior a la pandemia con 87 frecuencias semanales y hasta 15 vuelos diarios por sentido”, según su propia web. Igualmente, la aerolínea informa de los incrementos en las conexiones con otras ciudades como Bilbao (hasta seis vuelos diarios); o A Coruña, Asturias y Vigo (hasta cuatro vuelos diarios).

Ante el aumento exponencial de los vuelos previsto para las próximas semanas, la Plataforma contra la ampliación de Barajas, de la que forman parte la FRAVM y las asociaciones vecinales de los municipios del entorno aeroportuario, denuncia los enormes impactos que estos vuelos tienen, especialmente para las poblaciones cercanas. “El vecindario de municipios como San Fernando de Henares, Coslada o Mejorada del Campo ya sufrimos a diario el ruido y la contaminación de los despegues, aterrizajes y aproximaciones a Barajas de decenas de aviones”, afirma Esther Moraga, portavoz de la Plataforma contra la ampliación de Barajas.

“Reclamamos medidas que protejan nuestro derecho al descanso por las noches, a no tener que parar las clases en los colegios cada vez que pasa un avión o a vivir en un ambiente sano. Y para ello es necesario reducir el número de vuelos”, concluye la vecina de San Fernando de Henares.

Una de las medidas que reclama la Plataforma contra la ampliación de Barajas es la reducción de aquellos vuelos considerados innecesarios por existir una alternativa terrestre adecuada. El caso más claro es el Puente Aéreo entre Madrid y Barcelona, que implica la emisión de unas 6,6 toneladas de CO2 por trayecto (asumiendo una ocupación de las aeronaves de solo el 50 %), lo que representa unas 574 toneladas semanales, aparte de otros impactos nocivos para la salud como la contaminación acústica y atmosférica producida por los aviones.

“Necesitamos con urgencia un plan del Gobierno con medidas concretas de reducción progresiva de vuelos con alternativa terrestre. Pese a las intenciones al respecto expresadas por el Ministerio para la Transición Ecológica, no solo no han disminuido los vuelos, sino que están aumentando considerablemente”, afirma Pablo Muñoz, en alusión al anuncio en octubre de 2021 de la Oficina Española de Cambio Climático sobre la realización de un estudio para reducir vuelos cortos.

“Aumentar irresponsablemente este tipo de vuelos es incompatible con nuestros compromisos de reducción de emisiones, así como tremendamente nocivo para la salud y el bienestar de decenas de miles de personas en el entorno del aeropuerto”, concluye el portavoz ecologista.

Esta demanda entronca con la reclamación de fondo que, desde hace meses, hace la Plataforma: la paralización de los proyectos encaminados a aumentar el tráfico aéreo de Barajas. “Si el número de operaciones actual genera unas molestias enormes para los municipios del entorno, cualquier aumento de la capacidad de Barajas hará que los impactos negativos se multipliquen alarmantemente, lo que resulta totalmente inaceptable”, asegura Javier Benayas, vecino de Coslada y miembro de la Plataforma.