Manteniendo las medidas de distanciamiento que recomiendan las autoridades sanitarias, una decena de personas de estas tres entidades, que conforman la llamada Mesa de Trabajo por el Cierre de la Incineradora de Valdemingómez, han exhibido durante unos minutos una enorme tela con la inscripción “la incineración no es la solución”, lema que también han coreado.

Durante la acción simbólica, ecologistas y activistas vecinales han recordado el compromiso de la anterior corporación de clausura definitiva de la planta de Las Lomas en 2025, extremo que recoge la Estrategia de Prevención y Gestión de Residuos 2018-2022 del Ayuntamiento de Madrid, un plan que, desgraciadamente, ha sido bloqueado en los tribunales por la Comunidad de Madrid y desechado por el actual consistorio. Aún así, la FRAVM, GRAMA y Ecologistas en Acción no renuncian a conseguir en esa fecha esta vieja aspiración del movimiento ciudadano, tal y como se lo hicieron saber el pasado 13 de mayo al delegado de Medio Ambiente y Movilidad del Ayuntamiento de Madrid, Borja Carabante, en un encuentro virtual en el que también participaron María José Delgado, directora gerente del Parque Tecnológico de Valdemingómez y José Antonio Martínez Páramo, coordinador general de Medio Ambiente del consistorio.

De esa reunión salió el compromiso de constituir un grupo de trabajo sobre la gestión de residuos del municipio, con el fin de avanzar, de manera dialogada con los grupos vecinales y ecologistas, en cuestiones hoy centrales como el cierre de la incineradora o la nueva estrategia de residuos. La FRAVM, Ecologistas en Acción y GRAMA esperan en estos momentos a ser convocados por el Ayuntamiento para mantener una primera reunión de este grupo en la que, previsiblemente, Carabante presentará el borrador del nuevo contrato de gestión de la incineradora de Valdemingómez, que debería incluir objetivos para un plan de cierre. El contrato actual, en manos de la empresa Urbaser, finaliza este mes de junio.

Durante el encuentro del 13 de mayo, el concejal no se comprometió a seguir el plan de clausura que establece la estrategia hoy anulada, es decir, a reducir las emisiones de la incineradora en un 50% en 2023 para cerrarla dos años después, pero tampoco se opuso en rotundo a cumplir estos objetivos, de tal forma que aún hay margen para conseguirlo.

En un día tan importante como el de hoy, asociaciones vecinales y ecologistas han querido subrayar su histórica oposición a la incineración de residuos, un modelo arcaico, poco eficiente, caro y, sobre todo, peligroso para la salud y el medio ambiente. Las emisiones de instalaciones como la de Las Lomas, en Valdemingómez, contienen bencenos y metales pesados, además de dioxinas y furanos, compuestos químicos muy perdurables en humanos. Estos últimos son Contaminantes Orgánicos Persistentes, y están relacionados directamente con el incremento del riesgo de contraer diversos tipos de cáncer y enfermedades graves, como el linfoma no Hondgkin y malformaciones congénitas. El Centro Nacional de Epidemiología del Instituto de Salud Carlos III concluyó en 2012 que “existe un incremento significativo del riesgo de muerte por cáncer en las localidades próximas a incineradoras e instalaciones para la recuperación o eliminación de residuos peligrosos” y un estudio de evaluación de la incidencia para la salud de las emisiones procedentes del parque Tecnológico de Valdemingómez publicado por el Ayuntamiento de Madrid en enero de 2019 reveló que los valores de dioxinas y furanos detectados en el Ensanche de Vallecas, el barrio más próximo a la instalación, triplican los obtenidos en la calle Montesa del distrito de Salamanca.