Pero no sólo. El transporte de los materiales extraídos, realizado con camiones de gran tonelaje, provoca ruidos y levanta nubes de polvo que se introducen en las casas, algunas de las cuales se hallan a sólo unas decenas de metros de la mina. Sulquisa, que salvo breves periodos de calma realiza explosiones a diario, saca del yacimiento glauberita, un mineral usado para la fabricación de jabones.

La Asociación de Vecinos La Unión Zona Sur de Madrid ha reunido más de 150 firmas del vecindario afectado que reclaman la reducción de las cargas explosivas y un mayor control de la actividad de la empresa. A estas rúbricas, cuyas copias han sido entregadas en los ayuntamientos concernidos, se une más de una veintena de declaraciones de daños de otros tantos hogares, que hacen referencia a grietas en paredes, suelos y techos de habitaciones, fisuras en muros, garajes y piscinas, así como a desprendimientos de materiales (tejas, baldosas, etc.), rotura de cristales e incisiones en depósitos de agua, hechos registrados desde abril de 2007.

Las familias damnificadas, que hasta el momento han sufragado todas las reparaciones, exigen a “Sulquisa y a los organismos competentes que les sean compensados y reparados los perjuicios ocasionados” y, por supuesto, que se solucione de manera permanente algo que viene de lejos. La mayor parte de las denuncias procede de las urbanizaciones Los Cohonares y Los Almendros, aunque los desperfectos han afectado a otros núcleos urbanos de Chinchón, Villaconejos y, en menor medida, Titulcia. La propiedad de la mina siempre ha negado que exista una relación directa entre su actividad y los daños de las casas, pero los vecinos tienen claro que su origen no puede ser otro que las voladuras cotidianas, algo que les ha metido el miedo en el cuerpo.

Por ende, la asociación indica que los camiones que transportan el material de la mina, cuyo tránsito bloquea a veces las salidas de algunos garajes, no respetan en muchas ocasiones la limitación de velocidad de 20 km/h a que están obligados, lo que supone un riesgo añadido para los viandantes. La Comunidad de Madrid ha concedido una licencia temporal a Sulquisa para utilizar, en estas labores de transporte, parte de una vía pecuaria aneja a la explotación. La Unión también denuncia el estado de dejadez de parte de la finca sobre la que se asienta la empresa, que acumula maquinaria en desuso y chatarra de diverso tipo.

Todos los contactos del colectivo vecinal con los ayuntamientos de Villaconejos, Colmenar de Oreja y Chinchón para que intervengan en el asunto han sido infructuosos. Hasta el momento, tal y como indica la entidad, “de los responsables políticos sólo hemos obtenido la callada por respuesta”. Pero peor ha sido la reacción de los responsables del yacimiento a las reclamaciones ciudadanas: o las ha ignorado directamente o ha presionado a dirigentes vecinales para que abandonen su protesta, llegando incluso a amenazarles.

Los vecinos y vecinas han trasladado todos estos hechos a la Comunidad de Madrid, con objeto de que realice “una inspección a la mina y sus instalaciones, gestión y materiales extraídos” y ponga fin a una situación que desde hace meses se ha tornado “insoportable”. Ante las reclamaciones vecinales, que han sido apoyadas en todo momento por la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM), el ejecutivo de Esperanza Aguirre ha llevado a cabo varias mediciones acústicas de las explosiones de la mina, resolviendo que los niveles de vibraciones estaban siempre dentro de lo estipulado por la ley. La Unión Zona Sur subraya que Sulquisa, cuyos representantes asistieron a estos controles junto a miembros de la asociación, redujo las cargas que habitualmente emplea ante las mediciones. Además, en una de éstas, ni siquiera funcionaron los equipos de medición, señala el colectivo vecinal.

Si sus quejas siguen siendo ignoradas por las administraciones, los vecinos y vecinas amenazan con llevar a cabo acciones de protesta en las propias instalaciones de la mina y llevar el caso a los tribunales.