La emisora comunitaria Radio Vallekas recibió, el sábado pasado, el premio “Constantino Ruiz Carnero” a la libertad de expresión, otorgado por la Asociación de la Prensa de Granada por dar voz, durante más de 20 años, a las gentes de los barrios acercando la radio comunitaria a las capas más desfavorecidas de la sociedad. En la entrega del galardón, el Jurado reconoció el modelo participativo y su fórmula diferente y propia de ofrecer la información y ejercer el derecho a la comunicación.

Este reconocimiento contrasta con las dificultades que en estos momentos están atravesando las radios comunitarias en el Estado español, toda vez que, aunque la Ley General Audiovisual de las Comunicaciones reconoce su existencia, en la práctica impone unas condiciones que no se exigen a las emisoras comerciales, dificultando más aún el desarrollo de las actividades de estos medios sin ánimo de lucro. Tales restricciones constituyen un incumplimiento claro de las recomendaciones de la Relatoría de Naciones Unidas para la Libertad de Expresión, que establece que la radiodifusión comunitaria debería estar “expresamente reconocida en la ley como una forma diferenciada de medios de comunicación”, beneficiada por “procedimientos equitativos y sencillos para la obtención de licencias”, y carecer de obstáculos técnicos en su acceso al espacio radiofónico.

La Unión de Radios Libres y Comunitarias de Madrid, de la que forma parte la premiada Radio Vallekas, denuncia ‘la especulación a la que se somete un bien público’, así como su ‘indefensión y discriminación’ ante las sucesivas normativas que ‘pretenden acabar con las más débiles, las independientes, las emisoras de la sociedad civil o las que pueden presumir se ser verdaderamente las voces de los sin voz’.

La URCM insiste en que la regulación del espacio radioeléctrico ‘tiene que contar obligatoriamente con nuestro modelo de radio’. ‘Además -añade- debe quedar muy claro que no queremos estar en el mismo saco ni tenemos nada que ver con aquellas emisoras sectarias o en manos de tipos, por supuesto sin licencia ni escrúpulos comerciales, o por aquellos `ilegales’ que emiten en dos o más puntos del dial o con más potencia de la determinada. Porque nosotros, conviene recordarlo, estamos por la regularización y llevamos muchos años exigiéndola, pero de una forma digna y justa. Porque venimos exigiendo espacios y mesas de trabajo para reflexionar sobre un nuevo modelo de radio social, independiente y sin animo de lucro y porque creemos que somos el complemento necesario a la presencia de los medios públicos y privados’.