El plan de remodelación de la colonia de Almendrales (Usera) preveía, allá por 1987 y a petición de sus vecinas y vecinos, la construcción de un centro cívico-cultural en el edificio que el Instituto de la Vivienda de Madrid (IVIMA) tiene en la antigua plaza del Basalto. Las obras comenzaron en 1992. Apenas tres años después, sin embargo, se paralizaron y el IVIMA congeló el proyecto.

Desde entonces, las asociaciones vecinales han reclamado insistentemente al organismo público que cumpla un compromiso en el que tenían depositadas muchas esperanzas para dinamizar el barrio. Este interés volvió a ponerse de manifiesto en el Plan Especial de Inversiones de Usera, en el que las entidades vecinales incluyeron el teatro como equipamiento necesario. La actuación fue asumida por el Ayuntamiento de Madrid, condicionada a un acuerdo previo con el IVIMA. Un acuerdo que nunca cristalizó y que ha condenado al edificio al más absoluto abandono, convirtiendo el inmueble –situado en las inmediaciones del centro de salud de Almendrales– en foco de insalubridad.

Hace tres meses, un grupo de vecinas y vecinos acordaron abrir de par en par las puertas del edificio empujados, en sus palabras, por “la necesidad de dar al barrio el centro cívico-cultural que las administraciones le han negado: un espacio de autogestión para el arte, la cultura y actividades sociales; organizado de manera horizontal, autónoma y asamblearia; donde poner en práctica nuevas formas de relación y actividades sin ánimo de lucro, solidarias y ecológicamente responsables”.

Y se pusieron manos a la obra para construir ese sueño arrebatado. Durante este tiempo, han dedicado extenuantes jornadas de trabajo a labores de desescombro, limpieza y adecuación de un espacio que, a pesar de la falta de medios, cuenta ya con una biblioteca con 500 referencias.

La alegría, sin embargo, duró poco. El mismo día que el centro social autogestionado abría sus puertas al barrio, a finales de diciembre, recibieron una orden de desalojo que podría materializarse en los próximos días.

“Los vecinos están cumpliendo con los compromisos que un día la Administración pública adquirió con ellos y no ha sido capaz de cumplir”, explicaba Nacho Murgui, presidente de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM) durante la rueda de prensa de apoyo a La Osera celebrada el pasado domingo 8 de enero. “¿Para qué quiere echarlos ahora el IVIMA? ¿Tiene un proyecto para este espacio?”.

Los presupuestos municipales y regionales no contemplan partida presupuestaria alguna para la adecuación de este espacio. Las vecinas y vecinos, sin embargo, están trabajando en la construcción de un centro que dé respuesta a las demandas del barrio: “clases de yoga, un huerto urbano, un jardín-invernadero, flamenco, clases de idiomas, lengua de signos, coeducación, feminismo, formación en discapacidad, talleres de oficios, ludoteca infantil, informática, taller de bicicletas, artes marciales, rocódromo y biblioteca”. También habrá, anuncian, “un espacio para el graffiti, cine fórum, teatro, taller de música, conciertos, costura, banco de tiempo, tienda gratis, taller de velas artesanales, clases de canto, cocina, pintura, comedor vegetariano y vegano, escuela de circo, debates políticos, batukada, tai-chi, ocio alternativo, taller de cuero, encuentros interculturales, reciclaje, jabones artesanales o fotografía”. Casi una actividad por cada uno de los 1.850 metros cuadrados que ocupa el edificio antaño abandonado y lleno de escombros.

Lejos de amilanarse, los promotores de La Osera han iniciado una recogida de apoyos de colectivos y asociaciones vecinales y firmas individuales a través de la página web Actuable.

Foto: Fotogracción