En una de las asambleas sectoriales más concurridas de los últimos tiempos, las asociaciones de vecinos federadas acordaron no participar en las Mesas de Diálogo y Convivencia. Sobre la base de que las entidades ciudadanas, tal y como recoge la resolución de la asamblea, ‘hemos luchado y luchamos, como el que más, a favor de la convivencia, el diálogo, el respeto mutuo y la tolerancia entre todas las personas, sean cuales sean su nacionalidad de origen y sus creencias religiosas o políticas’, consideran que las mesas ‘no son más que un remedo o una ficción de la participación ciudadana’.

Las asociaciones han llegado a esta conclusión después de más de un año de intensa participación en los Consejos Territoriales de distrito. Instan al Ayuntamiento a ‘hacer un esfuerzo decidido por lograr un buen funcionamiento de los consejos territoriales, los cuales, a fecha de hoy se están revelando como instrumentos inanes de participación debido, en buena medida, al desinterés, cuando no al encono, de los concejales presidentes de las juntas de distrito’.

Por tanto, entienden que, “en vez de potenciar los citados consejos y las comisiones de trabajo que los conforman, y que estaban llamados a ser la auténtica columna vertebral de la participación ciudadana en Madrid, nos encontramos con unos órganos paralelos, las llamadas mesas de diálogo y convivencia. Estas operan como una maniobra de distracción de la participación o, peor aún, como una maniobra de dispersión de la participación”. El resultado es malo para la democracia en la ciudad, entre otras cosas, porque reduce la participación a una proliferación ad infinitum de consejos y más consejos inoperantes.

Para la FRAVM, ‘la construcción de un sistema de participación ciudadana supone poner en práctica recursos tales como el referéndum popular, la iniciativa ciudadana, la audiencia pública, así como asegurar el funcionamiento democrático y eficiente de los consejos territoriales desde la perspectiva de implantar en nuestra ciudad el instrumento de los presupuestos participativos’.

Ante todo, la FRAVM y las asociaciones de vecinos federadas ponen de manifiesto que están comprometidas ‘hasta los tuétanos a promover y defender las medidas y políticas dirigidas a favorecer la mejor integración de la población inmigrante en nuestros barrios y a fomentar el diálogo y la convivencia entre todos y todas. En esa andadura nuestras organizaciones están siempre abiertas al encuentro tanto con los vecinos y vecinas, sea cual sea su nacionalidad, como con el resto de entidades ciudadanas y con los poderes públicos’.