Todo aquel que haya caminado por el barrio de Alto de San Isidro junto a Carmen González habrá podido comprobar lo difícil que era avanzar diez metros seguidos sin interrupción. A cada paso, un vecino o una vecina la paraba para compartir un problema de su familia, denunciar una carencia del barrio, pedir consejo sobre los temas más diversos o, simplemente, para conversar sobre la vida. A todos escuchaba, a todas hablaba (¡y mucho!), a todos trataba de ayudar, casi siempre con más fe e ilusión que con recursos, porque a menudo, los problemas en el Alto de San Isidro tienen el tamaño de gigantes. A todas sin embargo dedicaba parte de su tiempo, con una sonrisa y una vitalidad que en el barrio y en el movimiento vecinal recordaremos durante años. Una sonrisa y una vitalidad tan tercas como su dueña, que ninguno de los durísimos trances que tuvo que atravesar en su vida lograron borrar.

Criada en las casitas autoconstruidas del poblado del Cerro de la Mica, Caño Roto, en el barrio de Lucero (Latina), donde su familia había llegado huyendo de la miseria de un pueblo de la Castilla profunda, junto al resto de sus vecinos fue realojada a finales de los ochenta en el Alto de San Isidro, en Carabanchel Bajo, a orillas del Manzanares. Para acoger a los nuevos moradores allí se levantaron más de un millar de viviendas, un ambicioso plan que se ejecutó en el marco de la llamada Operación de Barrios en Remodelación, toda una conquista del movimiento vecinal de la capital.

Cocinera en el extinto y famoso Centro Ocupacional Magerit de Carabanchel hasta su jubilación, Carmen vivió en, por y para su querido barrio de Alto de San Isidro, defendiéndolo con uñas y dientes ante críticas casi siempre jalonadas de estereotipos y lugares comunes. Presidenta de la asociación vecinal del barrio durante los últimos siete años, en este tiempo se entregó en cuerpo y alma a luchar contra la imagen del “Bronx de Madrid” que, de forma muy injusta, algunos medios han construido del barrio. A luchar por mejorar las condiciones de vida de sus gentes, negociando con las instituciones y protestando en la calle.

De verbo rápido y contundente, entusiasta y optimista como pocas personas se han visto, se dejó la piel en cuestiones como la defensa de una sanidad pública y universal de calidad, el derecho a la vivienda y, en su barrio, por el mantenimiento de las zonas comunes, la conservación del parque de San Isidro, la integración de los nuevos vecinos y vecinas inmigrantes, la mejora de la convivencia en sus calles o la clausura del vertedero ilegal de la calle Caronte. Para su querido Alto y con la FRAVM, conquistó uno de los Planes de Barrio que aún siguen activos en la capital.

Republicana hasta la médula y activa sindicalista de la UGT, se afilió en los últimos años a IU, donde militaba junto a otro baluarte de la Asociación Vecinal Camino Alto de San Isidro, Juan Luis Camarero, que falleció el pasado mes de agosto. Ambos formaban un dúo inseparable que en la FRAVM, en la que participaron activamente, recordaremos durante mucho tiempo y que, sin duda, usaremos como abono fértil sobre la que levantar nuevos retos y esperanzas. Tierra como la del huerto urbano comunitario de General Ricardos, que ella cuidaba con mimo para que luego brotaran las hortalizas y verduras más increíbles de Carabanchel.

Tras derrotar al cáncer en dos ocasiones y luchar hasta su último suspiro contra la enfermedad, esta nos arrebató ayer su cuerpo, que hoy descansa en el Tanatorio Sur de la ciudad. A las 17:00 será incinerada en el crematorio que se haya junto al edificio. Su cuerpo desaparecerá, no así su memoria, que guardaremos como una joya, útil para las generaciones actuales y futuras del movimiento ciudadano.

“Guerrillera”, “luchadora indomable”, “mujer increíble”, “batalladora”, “persona incansable”, “alegría perpetua”…todo esto pudimos oír ayer en el Tanatorio Sur de las decenas de personas que acompañaron a sus dos hijas y tres hijos en su último adiós. Vecinos y vecinas del barrio, miembros de las asociaciones vecinales de Carabanchel y de otros barrios de Madrid y activistas de otros movimientos sociales y políticos del distrito y de la ciudad se dieron cita para despedirse de una mujer que fue la voz, el rostro y las manos del Alto de San Isidro y de Carabanchel.

Desde la FRAVM abrazamos con cariño a su familia y a los compañeros y compañeras de la AV Camino Alto de San Isidro y del movimiento vecinal de Carabanchel Bajo. Que la tierra te sea leve, compañera Carmen.