El espacio histórico, como fragmento de ciudad y espacio de representación cultural, confiere un valor simbólico al conjunto del espacio metropolitano conviertiéndose así en espacio representativo del conjunto de la ciudad. Los centros históricos, y pongamos que hablamos de Madrid, narran el discurrir de la historia de la ciudad. Ahí reside, precisamente, su valor y unicidad. El prestigioso urbanista Campos Venuti aconseja que si se llevan a cabo planes de intervención urbanística en los centros históricos, para ser realmente tales y preservar la cultura, “tienen que referirse tanto a la teoría como a la práctica y basarse en la triple salvaguarda, no sólo morfológica, sino también social y funcional”.

Así lo entiende la Asamblea Ciudadana del Barrio de Universidad (ACIBU), del distrito Centro, que ve con preocupación cómo los cines del centro caen como fichas de dominó para ser sustituidos, en su mayoría, por sucursales de las grandes marcas comerciales. El cine Alhambra, el Fuencarral, los cines Luna… han apagado sus proyectores y los vecinos temen que otros, como el Palafox, el Avenida y el Palacio de la Música correrán la misma suerte. Los propietarios de estos dos últimos ya han cursado a la concejalía de Urbanismo, Vivienda e Infraestructuras la solicitud ‘de cambio de uso para dedicarlo a comercial’. Las fichas del Plan General de Ordenación Urbana de Madrid de 1997 dice de ambos espacios que ‘es obligatorio mantener el uso de cine porque se considera una actividad prioritaria para la vida cultural de la ciudad al estar el cine situado en el Área Cultural de la Gran Vía’. En marzo de 2004, sin embargo, el Ayuntamiento aprobó una modificación del Plan por el que ‘Las salas incluidas en el Catálogo de Edificios protegidos podrán solicitar el cambio [de uso] mediante la tramitación de un plan especial que deberá acreditar el respeto a la decoración y demás elementos catalogados’.

ACIBU pide al Ayuntamiento que deniegue la solicitud de cambio de uso presentada por los propietarios de El Palacio de la Música (edificio que data de 1928, obra del genial Secundino Zuazo) y el cine Avenida (construido en 1926 sobre un proyecto de J.M. Cuadra Salcedo y Arrieta Mascarúa) y que ambos inmuebles sean declarados Bien de Interés Cultural al objeto de que no puedan ser transformados para actividades ajenas a la cultura.