El parque de El Capricho ocupa una extensión de 14 hectáreas en el distrito de Barajas. Es el único jardín del romanticismo que se conserva en Madrid, una joya paisajística que debemos a la Duquesa de Osuna, María Josefa de la Soledad Alonso Pimentel, mecena de artistas, toreros e intelectuales que contrató, para su construcción, a jardineros de las casas reales española y francesa de la talla de Jean Baptiste Mulot, formado en Versalles.

El jardín fue declarado Jardín Histórico en 1934, Jardín Artístico en 1943 y Bien de Interés Cultural en 1985. Desde entonces, las actuaciones municipales ejecutadas han intervenciones parciales sobre algunas partes del conjunto. Es el caso del búnker construido en 1937, en plena Guerra Civil española, como cuartel de mando del ejército republicano hasta el final de la contienda en el recinto, que desde el pasado mes de febrero puede ser visitado por el público.

La Asociación Cultural Amigos del Jardín El Capricho recuerda que el jardín conforma un bien indivisible y, como tal, está sujeto a la ley 16/1985, de 25 de junio, del Patrimonio Histórico Español y a la ley 10/1998, de 9 de julio, de Patrimonio Histórico de la Comunidad de Madrid. Insiste, por tanto, en que el conjunto histórico debe ser contemplado, estudiado y analizado en su globalidad, como compendio de historia y de cultura, al objeto de no perjudicar ninguno de sus valores históricos, paisajísticos, botánicos, sociales o culturales, únicos en el patrimonio cultural madrileño.

La asociación, creada precisamente para garantizar la conservación integral del jardín y promocionar sus valores ecológicos, culturales e históricos reivindica un programa de recuperación que incluya el palacio, los jardines, los caprichos, el búnker y su entorno con la necesaria partida presupuestaria.

La asociación propone, además, dar a conocer esta joya, casi desconocida para la ciudadanía madrileña, mediante un programa que podría incluir desde un centro de estudios del paisaje y de los jardines “con carácter local, regional, nacional o internacional”, seminarios, conferencias, congresos, exposiciones, conciertos, representaciones…, siempre y cuando, eso sí, respeten la integridad de todos sus valores con el fin de ‘cerrar un capítulo de inexplicable y doloroso olvido’.