La oposición vecinal a la apertura de un nuevo negocio de cocinas fantasma en la calle Alejandro Ferrant crece día tras día. Lo hace a medida que la Asociación de Familias del Alumnado (AFA) del colegio Miguel de Unamuno y el vecindario de los 15 bloques de viviendas afectados extienden su preocupación y rabia, poniendo el acento en un ayuntamiento que, de momento, se niega a paralizar su licencia de actividad y a tomar medidas para minimizar su impacto. Las cuatro enormes chimeneas que hoy se alzan amenazantes sobre el patio del centro educativo esconden un proyecto que contempla doce cocinas industriales, que además de ruidos, olores y humos generarán, según datos del propio consistorio, un incremento de 468 vehículos diarios en las calles del entorno.

Los bajos de un edificio de viviendas, que además se hallan pegados a un colegio, no son lugar para poner en marcha una iniciativa empresarial de esta envergadura. Por eso, la plataforma de afectados contó el pasado sábado con el apoyo de la FRAVM, de asociaciones vecinales concretas como Pasillo Verde Imperial y Cuatro Caminos-Tetuán, así como de la FAPA Giner de los Ríos, la AMPA del CEIP Tirso de Molina, la AFA del CEIP Nuestra señora La Paloma y la Plataforma de Educación Pública de Arganzuela-Lavapiés. Representantes de otras AMPA y asociaciones vecinales de la capital, y de partidos como Más Madrid, PSOE, IU y Podemos también participaron en una colorida marcha que transcurrió entre el colegio Miguel de Unamuno y la Casa del Reloj de Arganzuela, sede de la Junta Municipal de Arganzuela.

Ante este mismo lugar, varias decenas de personas volvieron a concentrarse ayer por la tarde mientras se celebraba el pleno mensual de la junta. Una sesión en la que no pudieron participar los afectados y en la que Ciudadanos, PP y Vox votaron en contra de revisar la licencia de las cocinas industriales.

“Las familias, niñas y niños del Colegio Público Miguel de Unamuno vimos hace un mes cómo se estaban instalando 4 grandes chimeneas al lado del patio del colegio. Tras consultar la licencia de instalación de la nave a la que pertenecen, ubicada en la calle Alejandro Ferrant, supimos que debajo de estas 4 chimeneas se están construyendo 12 cocinas industriales para el reparto de comida a domicilio, las llamadas “cocinas fantasma”. Desafortunadamente, varias industrias de “cocinas fantasma” ya están funcionando en otros barrios de la ciudad y están generando claros impactos negativos en el bienestar y la salud de vecinos y vecinas debido a la desmesurada emisión de humos, olores, exceso de residuos y ruidos que generan, y el aumento, muy considerable, del tráfico. Es ostensible, entonces, que una industria de estas características no tiene cabida en un barrio residencial, y, por extensión, no debe ubicarse colindando con un colegio que alberga a 900 niñas y niños entre 3 y 12 años, seres especialmente vulnerables ante una situación de insalubridad e inseguridad”. De esta manera comienza el manifiesto que la AFA del CEIP Migue de Unamuno hizo público con motivo de la movilización del sábado.

“Tal como reza en la licencia -continúa-, serán 12 cocinas industriales, cada una de ellas equipada con: una cocina a gas de 4 fuegos, parrilla a gas, horno a gas, varias freidoras, mantenedor de fritos, cocedor de pasta, baño maría industrial, mesa fría, y electrodomésticos como el frigorífico, el congelador, el lavaplatos y el termo eléctrico; y estarán funcionando desde las 10h hasta las 23:30h ininterrumpidamente. Consideramos que este nivel de producción industrial no es apto para que linde con el patio de juegos del colegio ni con el gimnasio del mismo, ni que se dé lugar a que se emplace en un barrio residencial; nos preocupa enormemente el peligro que una actividad industrial de dicha envergadura, por sí sola, pueda conllevar. Además tememos que, cuando estas “cocinas fantasma” estén en funcionamiento, también habrá un claro impacto negativo en el entorno escolar y vecinal por la emisión de humos y gases, ruidos, olores, exceso de residuos y deshechos, y por supuesto, desde el punto de vista de la movilidad“, asegura la asociación, antes de precisar el alcance de este impacto:

  • Sus chimeneas emitirán óxidos de nitrógeno y azufre y otras partículas contaminantes, que, según expertos consultados, son muy difíciles de filtrar, y que al ser emitidas de forma continua y a baja velocidad, estas partículas contaminantes se quedarán suspendidas de forma residual en el aire del patio del colegio y del interior de la manzana de las viviendas.
  • Asimismo, se prevé contaminación acústica, proveniente tanto directamente de la nave en cuestión, como el ruido que ocasionarán los vehículos que trabajen para o con la industria.
  • Igualmente, la contaminación por olores conllevará un claro deterioro de las condiciones de las aulas, impedirá la ventilación diaria para cumplir las actuales medidas establecidas por el plan de contingencia Covid o no permitirá poder abrir las ventanas los días de calor.
  • También la producción de residuos que se originarán, que, aunque tengan previsto una recogida de los mismos en el interior del local, en algún momento de su extracción, conformarán parte del escenario vial, provocando obstaculización y molestias por el desprendimiento de hedores.
  • Según la propia licencia de instalación, aprobada por el Ayuntamiento, se prevé un incremento de 468 vehículos diarios que representarán un gran aumento del tráfico en las calles que rodean el colegio (en la misma calle Alejandro Ferrant supondrá un aumento del 70% de la “Intensidad Media Diaria” de vehículos) y que, debido a la direccionalidad de las calles, los vehículos deberán circular cercando todo el centro escolar, flanqueando los tres accesos por donde ingresan y salen los menores, originando así, una inseguridad vial atemorizadora”.

Todos estos problemas también los vivirán muy directamente los vecinos de los 15 bloques de viviendas que conforman la manzana donde se ubican estas “cocinas fantasma” y causará problemas a todos los habitantes del barrio. “Humos nocivos, olores, ruidos, producción de residuos masiva, más tráfico; que entre otras cosas impedirá, por ejemplo, tender la ropa fuera, no poder ventilar sus viviendas ni abrir ventanas en verano, molestia de hedores y obstaculización por los residuos generados, circular con peligrosidad como peatones…”, señala la entidad.

Las y los afectados por este proyecto llevan semanas movilizándose para frenarlo. En este tiempo, se han reunido una vez con la concejala presidenta de Arganzuela y el delegado del Área de Desarrollo Urbano del Ayuntamiento para constatar, lamentablemente, que no tienen intención alguna de paralizar la licencia. “Sus argumentos se centran en la legalidad en la que se ampara este nuevo negocio: acogido por un Plan de Ordenación Urbana que fecha del año 1997 y no refleja ni protege la realidad del carácter de nuestros distritos y barrios, y con una normativa antigua en la que no se dimensiona la sustantividad de esta “industria de multicocinas”, inexistente en nuestro mercado hasta hace muy poco tiempo. Resulta muy significante la carencia de la obligatoriedad de realizar un estudio de impacto medioambiental para la concesión de la licencia de la actividad”, se queja la AFA, que en su pelea ha contado con todo momento con el apoyo de la asociación vecinal Pasillo Verde Imperial y de la FRAVM.