“Seguimos siendo el parking gratuito del Open, mientras en la Caja Mágica el Open se ha convertido en un negocio de mucho cuidado. Seguimos sin poder aparcar ni bien ni mal, y nos encontramos los coches en las aceras, en los jardines, en los parques…”. Parecen palabras de la denuncia que dirigió la Asociación Vecinal San Fermín en 2009 al Ayuntamiento de Madrid, pero corresponden a la semana pasada. Seis ediciones después, el Consistorio no ha adoptado ninguna de las medidas comprometidas para frenar la inundación de coches que acompaña a la celebración del torneo de tenis en la Caja Mágica.

“La alternativa de transporte público brilla por su ausencia y la campaña para no venir en coche a través del barrio de San Fermín simplemente no existe”, subraya la entidad, que añade que a los vecinos “nos ponen multas por aparcar mal cuando llegamos cansados de trabajar y no podemos dejar el coche en ningún lado”.

La Caja Mágica, la joya de la corona de la candidatura olímpica de Madrid, no ha comportado ningún beneficio para su entorno. A pesar de o, precisamente, por contar con uno de los equipamientos deportivos más potentes de la ciudad, “este barrio no tiene un pabellón municipal para el deporte de base”.

De hecho, la construcción de la Caja Mágica se hizo a costa de pegarle un monumental bocado al Parque Lineal del Manzanares “sin compensación alguna”, pues “ni se ha creado un espacio verde en otro punto de la ciudad, ni en el barrio se ha notado nada no sólo en el deporte, ni tampoco en empleo, formación, de cultura, etc”.