En el distrito Centro de Madrid hay cerca de 4.000 bares. La densidad de locales de ocio alcanza cifras difícilmente sostenibles en barrios como Malasaña (un bar por cada 55 vecinos). Y todo ello en un distrito que fue declarado Zona de Protección Acústica Especial (ZPAE) y, en consecuencia, está sometido a unas disposiciones que hacen prácticamente imposible abrir un bar. A pesar de ello, el número de locales ha crecido más de un 20%. Se da la circunstancia, por ejemplo, de que en apenas diez números de la misma calle, hay 13 bares.

En una rueda de prensa convocada por la Coordinadora de Asociaciones Vecinales de Centro el pasado 15 de abril, las entidades denunciaron que “muchos locales abren sin licencia, tienen terrazas ilegales y exceden los horarios autorizados”. Basta una declaración responsable del propietario de un local para que pueda abrir’directamente’ su negocio y empezar a funcionar,siempre y cuando no tenga problemas de seguridad, explicaron.

“No vamos contra los bares –aclararon –, pero tenemos más que suficientes. Necesitamos plazas, parques y jardines, servicios sociales de calidad, instalaciones deportivas públicas, bibliotecas, centros de mayores, guarderías”.

Las asociaciones vecinales tienen claro a quién corresponde la responsabilidad. El Ayuntamiento de Madrid, señalaron, “no aplica su propia normativa”, dejando en situación de desamparo “a los 144.000 vecinos que vivimos en el distrito” y provocando una situación “de competencia desleal entre los bares que cumplen la normativa y los que no”.

El propio Ayuntamiento reconoció en la comisión informativa de Medio Ambiente del pasado mes de noviembre que el 92% de los locales inspeccionados en el barrio de La Latina carecen de licencia.

Hasta ahora, señalan, el equipo de Gobierno de Ana Botella ha hecho caso omiso a las denuncias realizadas por las asociaciones vecinales. La alcaldesa no ha accedido a reunirse con las entidades, que estudian presentar acciones legales contra el Consistorio ya que además de la responsabilidad política y administrativa, le podría corresponder la responsabilidad penal.

Las asociaciones subrayaron que desean “una ciudad habitable, no un parque temático de ocio nocturno”. El centro de Madrid, advirtieron,“va camino de convertirse en un gigantesco polígono de copas que amenaza con arrasar su identidad como ciudad”, por lo que piden a los políticos que concurren en las próximas elecciones municipales “un compromiso alrededor de un nuevo modelo del centro de ciudad donde los vecinos podamos tener voz y voto a la hora de diseñarlo’.