La crisis económica y social derivada de la pandemia del Covid-19 está golpeando con fuerza a la ciudad, en especial a los barrios más vulnerables, generando una legión de familias que, muchas veces por primera vez en su vida, se ven en la dura tesitura de solicitar alimentos y productos básicos de higiene personal y de limpieza. Ante unos Servicios Sociales absolutamente desbordados (solo en el mes de marzo recibieron 33.514 peticiones de ayuda alimentaria, una cifra parecida a la de todo 2019), que mantienen una plantilla similar a la que existente antes de la llegada de la pandemia, muchos de estos hogares recurren a las redes vecinales que, a pesar de sus escasos recursos, ofrecen una respuesta inmediata.

Con el paso de los días, la prioridad de las redes ha ido mutando, y aunque no han dejado de prestar ayuda a las personas que forman parte de los grupos de riesgo en labores como la realización de compras de productos y medicamentos, acompañamientos sanitarios, paseo de animales domésticos, soporte psicológico o asesoría laboral y de vivienda, la mayoría dedica hoy buena parte de sus esfuerzos a conseguir y distribuir comida a familias que no pueden obtenerla por otros medios o a través de otras entidades o instituciones. No en vano, en el marco de estos espacios autogestionados, en la mayoría de los cuales participan de manera muy activa integrantes de los colectivos de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM), se han creado en el último mes 37 despensas solidarias. En la última semana se han puesto en marcha en lugares como Arganzuela, Valdezarza (Moncloa) y Los Cármenes (Latina). La despensa solidaria de Los Cármenes-Caño Roto arranca con la demanda de 50 familias (unas 200 personas), un dato que, por tratarse de mayo, no está incluido en los casi 6.000 hogares que reciben alimentos de la suma de todas las redes.

La FRAVM ha recopilado datos de 58 redes vecinales de la capital, que representan la inmensa mayoría de las existentes en la actualidad. Presentes en todos los distritos, en ellas participan 6.179 personas voluntarias, toda una marea de solidaridad ciudadana que basa su acción en el apoyo mutuo entre vecinos y vecinas y tiene el objetivo de que ninguna familia se quede atrás en este dura crisis que no ha hecho más que arrancar. Este fenómeno de solidaridad ciudadana no es exclusivo de la capital. Está muy presente en otros municipios grandes de la región como Leganés, Móstoles, Alcorcón, Coslada, San Fernando de Henares, Rivas o Getafe, y en localidades pequeñas como Galapagar, Fresnedillas de la Oliva o Collado Villalba, por citar algunos ejemplos.

De las 58 redes de la capital que ha recopilado la FRAVM, 51 distribuyeron alimentos desde el inicio del confinamiento hasta el 30 de abril. En este tiempo, repartieron comida a un total de 5.828 familias y 20.265 personas. En la mayoría de los casos, los alimentos procedían (y proceden) de donaciones de vecinos y vecinas particulares, ONG y asociaciones y comercios y otras pequeñas empresas de sus barrios, que son precisamente la base de aportaciones de las despensas solidarias. El 84% de esas redes distribuye productos que consigue de esta manera, ya sea a través de donaciones en especie como de dinero en metálico. Cada vez son más las redes y asociaciones vecinales que han creado una cuenta bancaria para recaudar dinero para ayudas de primera necesidad, obteniendo, siempre, una respuesta extraordinaria de sus vecindarios.

El 16% de las redes restantes reparte comida procedente de los Servicios Sociales de las juntas de distrito o de lugares como la Escuela de Hostelería de Santa Eugenia, donde la Fundación World Central Kitchen, del chef español José Andrés, elabora a diario varios miles de raciones, que luego reparte de la mano de redes como la Plataforma de Trabajadores en Paro de San Blas Canillejas o la Red de Villaverde Alto, una de las primeras con las que llegó a un acuerdo en este sentido. Como estos repartos no permiten cubrir toda la demanda del barrio, ese 16% de redes distribuye también productos propios. Es el caso de la citada Red de Villaverde Alto o de las redes de Orcasur y Moscardó (Usera), Bellas Vistas (Tetuán) y Somos Tribu Vallecas, que además de colaborar con los Servicios Sociales de sus juntas de distrito en el reparto de sus comidas, han puesto en marcha despensas o bancos de alimentos para complementar estas ayudas públicas, a todas luces insuficientes para cubrir la demanda actual de todas las familias demandantes. Redes como Orcasur o La Prospe denuncian, además, que la comida que reciben algunas de sus familias procedente de sus juntas es demasiado escasa para nutrirlas adecuadamente, por lo que se ven obligadas a suministrar complementos.

La Red de Villaverde Bajo, por su parte, subraya que Servicios Sociales mantiene contratos de servicios de comida preparada que no tienen en cuenta alergias o alimentos prohibidos para ciertas religiones. “Por eso a veces preferimos preparar nosotros mismos las cestas de comida, que además suelen incluir otras cosas como pañales o productos de higiene personal, más necesarios que nunca en la actual crisis sanitaria”, indica la red, antes de sugerir una solución como la extensión de la tarjeta monedero que ya funciona en algunos distritos.

A día de hoy, la Red de Cuidados de Centro es el espacio que suministra alimentos a un número mayor de familias en la ciudad. Hasta el 30 de abril había proporcionado comida a 913 familias diferentes, lo que hace un total de 4.032 personas, 400 de las cuales se encuentran en situación de calle. “Pero la demanda sigue en aumento. De hecho, esta misma semana nuestro proyecto de cocina vecinal La Cuba (“Lavapiés Cuidando del Barrio”) ha decidido ampliar su reparto de comida caliente a 700 familias y 330 personas sin techo más”, indica la red.

Por detrás de Centro, la Red de la Asociación Vecinal de Aluche, hoy muy conocida por las imágenes de colas de personas a las puertas de su sede a la espera de comida, distribuye, también con sus propios medios, alimentos a 800 familias y un total de 3.200 personas, mientras que las cuatro redes de San Blas-Canillejas llegan a 779 familias y las cuatro que conforman Somos Tribu de Vallecas alimentan a 755 familias. La Red Solidaria de Villa de Vallecas distribuye alimentos entre 419 hogares, mientras que la de San Cristóbal llega a 309 familias y la de Vicálvaro a 301 hogares. El volumen de las redes de San Blas es también elevadísimo.

Como Aluche, algunas redes se encuentra totalmente desbordadas, y requieren de más recursos, alimentos y donaciones, para cubrir la demanda actual de sus barrios. Es el caso de la Red de Apoyo Mutuo de Almendrales-Pradolongo, en Usera, que acumula una lista de espera para alimentos de 30 familias, o la de Villaverde Alto, con una lista de 45 familias. La lista de espera de la Plataforma de Trabajadores en Paro de San Blas-Simancas llega ya a las 140 personas.

Con este panorama, nadie duda de que la capital necesita una intervención pública de gran calado para atender las necesidades básicas de su población. Y, mientras tanto, una implicación de las administraciones con las redes mucho mayor. En esta línea, la FRAVM ha presentado al Ayuntamiento de la capital diferentes propuestas como la creación de una cocina solidaria en cada distrito (siguiendo el ejemplo de la apertura de la Escuela Superior de Hostelería de la Casa de Campo o de la Escuela de Hostelería de San Eugenia) o la cesión de espacios públicos para la creación de despensas solidarias de alimentos en los que se puedan almacenar y repartir productos perecederos y no perecederos.

Pero la labor de las redes va mucho más allá de conseguir comida de emergencia. En palabras de una voluntaria de la Red de La Conce (Ciudad Lineal) “detrás de una petición de alimentos hay una situación de una familia de desamparo respecto a las instituciones de la que nos hacemos cargo desde el momento que nos contacta; nos hacemos corresponsables de su situación y empezamos en ese momento una relación en la que luchamos por que se la atienda desde las instituciones, denunciamos juntas situaciones de injusticia, buscamos la raíz de la situación para intentar apoyar a que a largo plazo pueda ir dejando de precisar apoyo con alimentos y se vayan creando oportunidades para cambiar su situación”.

Mucho más que despensas de alimentos

Más allá de la ayuda alimentaria, las redes de apoyo mutuo y solidaridad de nuestros barrios, que casi siempre nacen del empuje de colectivos barriales ya existentes, han protagonizado todo tipo de acciones de solidaridad, demostrándose como herramientas horizontales de apoyo mutuo y cohesión social de enorme riqueza y potencia. Las y los más de 6.100 personas voluntarias de las 55 redes ciudadanas citadas atendieron peticiones de ayuda de 10.276 hogares en el periodo que va desde el inicio del Estado de Alarma hasta el 30 de abril. Estas demandas van desde la compra de medicinas o alimentos para personas mayores o el acompañamiento telefónico de vecinos que viven solos hasta el paseo de perros de personas en riesgo o el cuidado de niños y niñas, pasando por la asesoría de dudas sobre cuestiones laborales, de vivienda o ayudas sociales, el acompañamiento a centros sanitarios o incluso la reparación de electrodomésticos o el pago de facturas de teléfono. Otra línea de actuación habitual ha sido la confección colectiva de materiales de protección sanitaria, que a la postre las redes han entregado en residencias de mayores, centros de salud, hospitales y otros establecimientos en los que trabajan profesionales que están en la primera línea de lucha contra el Covid-19. Según los datos de las redes de la capital, estas han elaborado con sus propios medios más de 10.000 mascarillas y más de 7.000 pantallas individuales de plástico, además de miles de trajes protectores. Algunas redes como la de Centro llevan varias semanas recogiendo material informático destinado especialmente a estudiantes que carecen de ordenador o tablet. Ya ha recibido 200 donaciones de este tipo.

Esto es solo un botón de muestra de la intensa actividad desplegada por las redes en estas semanas, cuyo listado y resumen de datos cuantitativos puedes ver en la siguiente tabla: