En la hora y cuarenta minutos que ha durado la intervención de Esperanza Aguirre en la Asamblea de Madrid la presidenta ha efectuado un autocomplaciente diagnóstico del estado de la región bajo su mandato y ha desgranado un rosario de promesas con marcados tintes electoralistas. La Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM), presente en la asamblea en la persona de su presidente, Francisco Caño, sin embargo, no ha encontrado rastro alguno de los problemas que las entidades vecinales consideran más acuciantes: la precarización y el consiguiente desprestigio de los servicios públicos, especialmente de la educación y la sanidad, con el objeto de legitimar una política de privatización perfectamente programada; los alarmantes índices de fracaso escolar; la pervivencia de importantes núcleos chabolistas; el difícil acceso de los jóvenes a una vivienda digna; el desaforado e insostenible crecimiento urbanístico de muchos municipios de la región sin justificación demográfica…

Lejos de sentar las bases para avanzar en una política de concertación capaz de resolver de forma eficaz los problemas de nuestra región, Esperanza Aguirre ha apostado una vez más por la confrontación institucional con el Gobierno de la nación. Con este gesto ha dado indudables muestras de favorecer la satisfacción de intereses partidistas sobre el interés general de la ciudadanía madrileña. El presidente de la FRAVM ha hecho hincapie en que ‘este tipo de confrontación no hace sino alimentar el descrédito de la clase política y, lo que es peor, inhibe el interés de las vecinas y vecinos por la gestión de los asuntos públicos’.