El más grave incendio declarado en Europa desde el final de la II Guerra Mundial ha tenido lugar estos días en Londres como consecuencia de una serie de explosiones producidas en un centro de distribución de combustible situado al norte de Londres. Las primeras voces críticas comienzan a denunciar la negligencia gubernamental al permitir la construcción de casas y empresas cerca de los depósitos, que contenían 13 millones de litros de fuel.

La Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM) denunciaba el pasado 28 de julio la existencia de un depósito de queroseno para aeronaves ubicado en el límite de separación de la zona urbana del casco histórico de Barajas y el aeropuerto, un “polvorín” de cerca de 70 millones de litros de combustible. El depósito está compuesto por cinco tanques de JET A-1 (combustible para aeronaves) de 10.250 m3/unidad y dos tanques de 1.018 m3/unidad, amén de otros seis tanques para depósitos de 1.018 m3 de capacidad situados en una zona elevada a escasos 500-600 metros de la pista 33-L y pegada a una estación de servicio de abastecimiento de gas propano para los taxis que dan servicio al aeropuerto.

Esta cercanía causa una honda preocupación entre los vecinos de la zona, que desde hace tiempo reivindican el desmantelamiento de estas instalaciones. Ya en las sugerencias al Avance del Plan General de Ordenación Urbana de Madrid de 1993 solicitaron su transformación en suelo municipal para la instalación de servicios públicos municipales, tales como mercados, aparcamientos para residentes y otra serie de servicios públicos para cubrir las carencias de la zona. Más adelante, tanto en el proceso del Estudio de Impacto Ambiental (EIA) de 1994 como en la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) de 1996 los vecinos sugirieron que, en tanto las previsiones de incremento del tráfico aéreo apuntaban a la necesidad de incrementar las reservas de combustible, se trasladaran los depósitos a un lugar más seguro, alejado de las zonas urbanas habitadas.

Sin embargo, tanto la DIA emitida el 12 de abril de 1996 como la posterior de 30 de noviembre de 2001 adolecen, según los vecinos de la zona, de concreción en lo que respecta a las acciones a tomar a fin de garantizar la seguridad en el entorno del aeropuerto. Así, pocos días antes de la puesta en funcionamiento de la pista tercera y, a pesar de lo establecido en el último párrafo del punto 3.1 Prevención de accidentes y medidas de actuación en emergencia (“La población potencialmente afectada deberá ser informada, antes de la citada fecha (a la puesta en funcionamiento de la nueva pista), según lo prevenido en la Ley 2/1985 de Protección Civil), Protección Civil aprobaba el Plan de Emergencia Interior de esta instalación considerando innecesario llevar a cabo un Plan de Emergencia Exterior para garantizar la seguridad de la población circundante en caso de accidentes fortuitos o ataques intencionados. Tampoco se ha implementado ninguna medida adicional de seguridad a pesar de la posterior instalación de la estación de abastecimiento de gas propano para los taxis que dan servicio al aeropuerto y de los accidentes que han demostrado la falta de garantías. Para muestra un botón: la tuneladora de la línea 8 de Metro pinchó una bolsa de agua a su paso por debajo de los depósitos poniendo de manifiesto que, junto al agua, había una gran cantidad de queroseno debido quizá a fugas o a un lento proceso de transpiración. En este contexto, la administración se vio obligada a paralizar las obras durante un mes y a depurar las tierras contaminadas.

Andrés Martínez, responsable de la comisión de Medio Ambiente de la FRAVM y miembro de la A.V. AFAO (Barajas) no duda de que la instalación petrolífera cumple con las normas establecidas, pero considera evidente que su cercanía a las viviendas, donde viven cerca de 2.000 vecinos, aconseja extremar las precauciones alejando esta instalación o enterrándola, tal y como se viene haciendo en los nuevos aeropuertos en Europa, “máxime teniendo en cuenta el luctuoso accidente acaecido en Londres. Las autoridades deberían extremar las precauciones, ya que las viviendas ya estaban cuando instalaron los depósitos”.