De acuerdo a un estudio elaborado en 2007 por la Fundación de Estudios Ciudadanos, en Madrid existe más de un centenar de colonias y unidades residenciales que acumulan situaciones que hacen de ellos barrios vulnerables o problemáticos: tasa de desempleo superior a la media, elevada proporción de personas analfabetas o sin estudios, concentración de población ocupada con baja cualificación profesional, fuerte deterioro del parque de viviendas, hacinamiento residencial, degradación de la convivencia cotidiana, acentuación de la inseguridad ciudadana, tráfico y consumo de drogas en las calles, conflictos interétnicos…

La situación de estos barrios y, en general, del conjunto de la ciudad, ha empeorado como consecuencia de la crisis económica y, en palabras del presidente de la Federación Regional de Asociaciones Vecinales de Madrid (FRAVM), Nacho Murgui, se ceba “en quienes menos tienen, en quienes, independientemente de que las vacas sean gordas o flacas, se llevan la peor parte”.

Con el objetivo de mitigar la creciente desigualdad territorial y social instalada en la capital, en el año 2009 la FRAVM propuso al Ayuntamiento concertar un conjunto de actuaciones destinadas a fortalecer los servicios sociales, la atención a los colectivos más desfavorecidos y a fortalecer el tejido asociativo de los barrios que presentan mayores índices de exclusión social.

Nacían así los planes de barrio, un conjunto de casi 700 actuaciones destinadas a reducir las desigualdades sociales de 16 barrios: Caño Roto, en Latina; Pan Bendito y Alto de San Isidro, en Carabanchel; San Andrés, San Cristóbal de los Ángeles y Villaverde Bajo, en Villaverde; “Triángulo del Agua”, el Pozo-Entrevías y Fontarrón, en Puente de Vallecas; La Elipa, en Ciudad Lineal; plaza de Soledad Torres Acosta y Lavapiés, en Centro; poblados A y B, en Fuencarral; y Orcasur, Meseta de Orcasitas y San Fermín, en Usera).

Esta mañana, el presidente de la FRAVM y la alcaldesa de la capital, Ana Botella, firmaron un convenio por el que se suman los barrios de San Blas y Simancas (San Blas), Bellas Vistas y Ventilla (Tetuán) y Comillas (Carabanchel), en el que se ejecutarán 181 actuaciones (ver fichero relacionado) en los ámbitos del empleo, familia y servicios sociales; mayores; educación, infancia y juventud; igualdad de oportunidades y apoyo al asociacionismo, dotadas de un presupuesto extraordinario de un millón de euros en 2012, y otra partida anual semejante durante su periodo de vigencia (2012-2015).

“Entendemos -subrayó Murgui tras rubricar el acuerdo- que estos planes son un paso más, algo que nos permite avanzar, o al menos, mitigar de alguna manera, el retroceso que estamos sufriendo en los niveles de bienestar social”. Un paso, en todo caso, que “requerirá de otros que le den continuidad” y que “vayan completando el trabajo que podamos hacer en esta primera etapa”.

En virtud de los nuevos planes, se realizarán actividades de apoyo escolar, de refuerzo del servicio de teleasistencia, de mantenimiento periódico de áreas de juego infantiles, de apoyo a la creación de redes sociales basadas en la ayuda mutua y la solidaridad a través de los bancos de tiempo y otras, como la rehabilitación y puesta en funcionamiento de un equipamiento sociocultural en el antiguo mercado de Montamarta, previa concertación de contenidos y modelo de gestión.

Es precisamente la concertación el eje metodológico fundamental que ha vertebrado el alumbramiento de los planes de barrio. Lo explicaba Murgui subrayando que la democracia “no se agota ni mucho menos en la elección de los gobernantes, sino que se extiende a la participación en todos los ámbitos, a todas las escalas y en todos los momentos”, en especial en “los asuntos que [a la ciudadanía] le son mas cercanos, en los que atañen a su día a día, a su barrio” y “en el ámbito donde se plasma y cobran contenido y peso concreto las decisiones políticas: en el de la asignación de los recursos”, “con mas razón, urgencia y pertinencia en un momento como este”.

En este contexto, la participación vecinal se plasma no solo en la concertación de las medidas, sino en la fiscalización de su ejecución a través de varias mesas de seguimiento de las que formarán parte las asociaciones vecinales presentes en la zona y la FRAVM y, de otro lado, varias áreas del Ayuntamiento de Madrid, coordinadas por el Área de Economía y Empleo, así como vecinas y vecinos de los barrios concernidos, todo ello sobre la base de que, en palabras del presidente de la federación, “al contrario de lo que sostienen algunos discursos tecnocráticos, más democracia es más eficiencia”.

En este punto, la alcaldesa, Ana Botella, quiso subrayar también el hecho el Observatorio Internacional de Democracia Participativa (OIDP) ha reconocido la importancia de los Planes de Barrio con la VI Distinción “Buena Práctica Ciudadana”, el mayor reconocimiento de este organismo. Acto seguido se comprometió a “extender esta exitosa iniciativa hasta alcanzar un total de 30 barrios de la ciudad”, un objetivo para el que faltan 9 planes que, “en un plazo breve acordaremos con la FRAVM”.

Servicio de Dinamización Vecinal

En el transcurso del acto, la alcaldesa de la capital y Murgui firmaron también un convenio para desarrollar del Servicio de Dinamización Vecinal durante 2012. Este servicio, creado en 2004, está destinado a facilitar la convivencia ciudadana fomentando la participación ciudadana y la cohesión social en unos barrios cada vez más mestizos y multiculturales, un servicio más necesario si cabe en un contexto de crisis económica y de competencia por los recursos.

24 dinamizadores trabajan en este momento en 20 barrios de 11 distritos de la capital: Carabanchel, Centro, Ciudad Lineal, Fuencarral-El Pardo, Latina, Puente de Vallecas, Tetuán, Usera, Vicálvaro, Villa de Vallecas y Villaverde.