El parque está situado en el nordeste de este barrio, en paralelo a la calle Vicente Blasco Ibáñez, lindando con la M-40 y los viveros Shanghai. Por ahí discurría el Arroyo Valdebebas, el último arroyo en superficie que quedaba en el término municipal de Madrid. Miguel Oliver, el arquitecto que diseñó el barrio, hizo un atractivo diseño para que este arroyo atravesara este espacioso parque, pero no se respetó su idea y el arroyo se soterró mediante un colector, porque así se eliminaban muchas complicaciones a la hora de construir. Eso dio lugar a la construcción de un canal que salvaba los desniveles con un conjunto de cascadas.

Al eliminarse el arroyo, estos canales sólo reciben el agua de lluvia, que se estanca y perdura hasta que va desapareciendo paulatinamente con los calores veraniegos. Pero en el tiempo que duran esas aguas, la vida se abre paso y se pueblan con peces, ranas, cangrejos, patos y otros animalillos. Ni que decir tiene que, en estas aguas estancadas que se van corrompiendo con los calores, se forman ingentes nubes de mosquitos y hacen presencia los malos olores.

Desde hace años, la Asociación Vecinal Sanchinarro reclama una solución para la frustrada ría de este parque, pero esa solución no llega. El Ayuntamiento elude su responsabilidad arguyendo que es la Junta de Compensación quien debe dar la solución y esa Junta de Compensación no actúa, seguramente porque el Consistorio no le presiona, sugiere la entidad vecinal. “Sabemos que se hizo un proyecto para eliminar estos canales de hormigón y, en su lugar, instalar un simulacro de arroyo, con canto rodado y vegetación de ribera, similar a lo que existe en Madrid Río. Ese proyecto, no sólo no se ejecutó, sino que ha desaparecido”, indica la asociación.

El resultado de esta desidia municipal puede apreciarse en las fotografías que aparecen en este post, que ha enviado un vecino y que indudablemente valen más que mil palabras.