Ante la elevada incidencia de la pandemia de la Covid-19, la fundación, en la que la FRAVM participa como patrono, decidió hace unos días suspender la programación de actos públicos en honor de los letrados laboralistas. De este modo, a la espera de poder celebrarlos más adelante, cuando mejore la situación sanitaria, ha limitado los homenajes a unas sencillas ofrendas florales que han tenido lugar en los cementerios Sur y San Isidro y en la Plaza de Antón Martín. En este último lugar, en el famoso monumento de Genovés, a escasos metros del edificio que albergaba el despacho de los abogados laboralistas, Villalobos ha depositado una corona con la rúbrica “Con cariño de la FRAVM a nuestros abogados de barrio”.

Recordemos que en el momento en que los tres pistoleros de extrema derecha irrumpieron en el local de la calle Atocha, 55, aquella fatídica noche del 24 de enero de 1977, las víctimas celebraban precisamente una reunión sobre su actividad como “abogados de barrio”. El comando fascista acabó con la vida de los juristas Javier Sauquillo, Luis Javier Benavides, Enrique Valdelvira y Serafín Holgado y del sindicalista Ángel Rodríguez. Además, resultaron gravemente heridos Alejandro Ruiz-Huerta, Mª Dolores González, Luis Ramos y Miguel Sarabia.

Benavides trabajaba y conocía como la palma de su mano Valdeacederas (Tetuán) y Hortaleza, y junto a Ruiz-Huerta asesoraba a asociaciones vecinales de Vallecas. Sarabia se dejó la piel por los vecindarios de Orcasitas, Usera y Villaverde, mientras Javier Sauquillo estaba más vinculado al Pueblo de Vallecas y a Alcorcón, en cuya asociación vecinal pasaba consulta junto a Enrique Valdelvira. Dos días antes de la matanza, tal y como recuerda la abogada Paca Sauquillo, ella, su hermano Javier y su cuñada, Dolores González acudieron a la Asociación Vecinal de Orcasitas “para elaborar un manifiesto sobre la urgente necesidad de legalizar la Federación Provincial de Asociaciones de Vecinos de Madrid”, la actual FRAVM, algo que se produciría unos meses después.