El 12 de enero de 1967, fecha en la que la Dirección General de Seguridad reconoce legalmente la entonces “Agrupación de Vecinos en el Barrio de Las Cárcavas-San Antonio”, esta zona del norte de la capital carecía de cosas tan básicas como agua corriente, alcantarillado o calles asfaltadas. Apenas dos o tres fuentes administraban agua potable a un barrio que, desde los años 50, crecía y se transformaba gracias a las casitas que, con sus escasos recursos, levantaban sus propios vecinos, un fenómeno común a otros lugares periféricos de la ciudad. Lugares de acogida como Palomeras, El Pozo, Puerto Chico, Orcasitas, Villaverde o Carabanchel Bajo, donde llegaban miles y miles de personas huyendo de la miseria de la España agrícola y en busca de un futuro mejor. Lugares, que, fruto de la necesidad, ven surgir a las primeras asociaciones vecinales de la región. La de Las Cárcavas (Hortaleza) nace en 1966, y aparece como la más antigua después de la AV de Puerto Chico (Latina), que se considera la pionera. Aún así, no se legaliza hasta el año siguiente, un hecho extraordinario para la época que se explica en parte por las buenas relaciones que su primer presidente, Pedro Piñero, de adscripción falangista, mantenía con las autoridades del régimen franquista.

La asociación ha conseguido todo lo que hay en el barrio”, afirma su actual presidenta, Raquel Collado, un parecer compartido por la vecindad. “Los vecinos más antiguos cuentan que Mariano Díaz de la Cámara, el segundo presidente de la asociación, durante años fue todos los miércoles con un grupo de vecinos del barrio a la junta municipal de Hortaleza a reclamar mejoras para Las Cárcavas”, indica Collado con orgullo indisimulado. Gracias a la presión del vecindario y de su asociación, en 1974 se construye el primer sistema de saneamiento del barrio y el agua corriente llega a las viviendas. Posteriormente la Administración ampliará la red de alcantarillado y urbanizará algunas calles, pero habrá que esperar hasta los años noventa para que el colectivo ciudadano, con el impulso de Ricardo Arias, su entonces presidente y una de las figuras más relevantes del movimiento vecinal madrileño, consiga la legalización de la práctica totalidad de las viviendas del barrio.

En esa época la entidad logra también la clausura de un enorme vertedero ilegal que traía de cabeza a la vecindad. “Esto no lo hubiésemos conseguido de ninguna manera sin el apoyo del resto de asociaciones vecinales de Hortaleza y de la FRAVM; y es que así funciona el movimiento vecinal, movido por la solidaridad. Tú solo consigues muy pocas cosas”, sostiene la presidenta de la AV de Las Cárcavas. Muy relacionada con esa batalla está la defensa de la “segunda Casa de Campo” de Madrid, el parque de Valdebebas, una reivindicación que hoy, en forma de conquista de la asociación, encarna el Parque Forestal de Valdebebas.

Siguiendo con los logros ciudadanos, en los últimos años la entidad ha conseguido el cierre de tres prostíbulos que generaban gran inquietud en el barrio así como la reordenación de su tráfico rodado, “que era un auténtico caos”. Pequeñas victorias que muestran la vigencia y actualidad de la agrupación y del propio movimiento vecinal.

“Pero la asociación no solo era y es un espacio donde trasladar quejas y demandas, siempre ha sido un lugar de encuentro y de organización de todo tipo de actividades: belenes vivientes y cabalgatas de Reyes en Navidad, teatro, talleres y otros actos culturales… durante muchos años, además, tuvimos mucha relación con la parroquia del barrio, con la que montábamos campamentos y clases de apoyo para los chavales”, relata Raquel Collado.

Las Cárcavas tiene mucho que festejar, y lo quiere hacer con el resto de la ciudad. Para ello, el próximo domingo 29 la asociación vecinal organizará un acto que tendrá lugar en su local, sito en la avenida de Maruja Mallo, 26, desde las 11:00. Además de invitar a los asistentes a un vino, presentará el libro 50 años defendiendo el barrio, un documento “escrito con la memoria de nuestros vecinos”. En palabras de Collado, “queremos mostrar todo lo que se ha hecho, lo que se puede conseguir con el asociacionismo, con el objetivo de dar a los vecinos un motivo de orgullo. Ellos llevan 50 años luchando por el barrio, consiguiendo cosas, y les queremos animar a que sigan hasta llegar por lo menos a los 100 años”, concluye la presidenta de la asociación